Economía

Mundial 2026: la FIFA proyecta u$s9.000 millones de ganancia pero el boom turístico en EEUU no llegó

Las llegadas internacionales a Estados Unidos crecieron solo un 0,2% durante la fase de grupos del Mundial. Lejos de las expectativas, esto pone en duda el impacto económico prometido de u$s30.500 millones.

Publicado el 17 de julio de 2026, 11:36 hs

Estadio de fútbol vacío con banderas de la FIFA y pocos turistas en las tribunas durante el Mundial 2026
Ámbito — Economía

La FIFA está cerca de embolsar alrededor de u$s9.000 millones con el Mundial 2026, una cifra récord que supera con creces lo recaudado en ediciones anteriores. Sin embargo, el esperado “boom” turístico en Estados Unidos brilla por su ausencia.

Según datos oficiales, las llegadas internacionales a suelo estadounidense durante la fase de grupos del torneo crecieron apenas un 0,2% respecto al mismo período del año anterior. Una cifra casi insignificante que contrasta fuertemente con las proyecciones iniciales de la FIFA, que hablaban de un impacto económico total de u$s30.500 millones solo para la economía norteamericana.

El contraste es llamativo. Mientras la organización que preside Gianni Infantino celebra internamente los ingresos por derechos de televisión, patrocinios y ticketing, las ciudades anfitrionas –especialmente las estadounidenses– reportan ocupación hotelera y gasto turístico por debajo de lo esperado. En ciudades como Nueva York, Los Ángeles y Miami, el flujo de visitantes internacionales no generó el efecto multiplicador que se anticipaba.

Parte del problema parece radicar en la distribución de sedes. El torneo se juega en tres países (Estados Unidos, México y Canadá), lo que diluye el impacto en cualquier economía individual. Además, muchos aficionados optaron por seguir los partidos desde sus países de origen o viajaron solo a partidos específicos, aprovechando paquetes low-cost que no incluyen estancias prolongadas.

Expertos en economía del deporte señalan que las proyecciones de la FIFA suelen ser optimistas por naturaleza. En el Mundial de Qatar 2022 ya se habían inflado las cifras de impacto económico, y algo similar ocurrió en Brasil 2014. El caso estadounidense parece seguir esa misma línea: grandes números para vender el evento a gobiernos locales y sponsors, pero resultados tangibles mucho más modestos.

Desde el punto de vista del turismo, varios factores conspiraron contra el “boom”. Los altos costos de los pasajes aéreos, la percepción de inseguridad en algunas ciudades sede y la complejidad de los trámites de visa para muchos latinoamericanos jugaron en contra. Además, la coincidencia con la temporada de verano en el hemisferio norte no necesariamente atrajo al público europeo que se esperaba.

En paralelo, la FIFA ya está pensando en el futuro. Con el modelo de 48 selecciones consolidado y un calendario cada vez más saturado, la entidad busca maximizar sus ingresos directos aunque el retorno para los países organizadores sea discutible. Algunos analistas hablan abiertamente de un “extractivismo deportivo”: la FIFA se lleva la mayor parte de la torta mientras las ciudades y países pagan la infraestructura y lidian con las externalidades negativas.

El caso del Mundial 2026 deja varias lecciones. Primero, que los megaeventos deportivos no son una varita mágica para el desarrollo turístico. Segundo, que las proyecciones económicas iniciales deben tomarse con mucha cautela. Y tercero, que el verdadero ganador de estos torneos suele ser el organismo que los organiza, no necesariamente los territorios que los reciben.

Mientras las pantallas de todo el mundo siguen transmitiendo los partidos y las marcas globales asocian sus productos al evento, en las calles de las ciudades estadounidenses el tan anunciado impulso económico se siente más como un susurro que como un estallido. La FIFA ya cuenta sus miles de millones. El resto sigue esperando.

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