Morosidad familiar al 12,7% en mayo: el 40% de los jóvenes arrastra deudas irregulares
El ratio de irregularidad crediticia en familias subió por decimonoveno mes consecutivo y afecta especialmente a los más jóvenes. En entidades no financieras, el atraso llega al 32,2%.
El dato es elocuente y preocupante: la morosidad en las familias argentinas alcanzó el 12,7% en mayo, según los últimos números del Banco Central. Se trata del decimonoveno mes consecutivo de aumento, una racha que ya se convirtió en tendencia estructural.
Lo que más llama la atención es el impacto diferencial por edad. Casi el 40% de los jóvenes tiene al menos un préstamo irregular. Esa cifra no solo habla de una generación que entró al sistema financiero en un contexto de alta inflación y salarios licuados, sino de un círculo vicioso donde el endeudamiento se transforma en una forma de supervivencia mensual.
En las entidades no financieras —es decir, fintech, mutuales y prestamistas más informales— la irregularidad trepó hasta el 32,2%. Ahí el problema se agrava porque las tasas son más altas, los controles más laxos y las consecuencias de caer en mora suelen ser más agresivas.
Por qué sigue subiendo la morosidad
El fenómeno no es aislado. Lleva casi dos años de escalada constante y coincide con la licuación de ingresos reales, el ajuste fiscal que recortó transferencias y el aumento del costo de vida. Muchas familias ya agotaron el margen de maniobra: refinanciaron tarjetas, pidieron préstamos personales para pagar otros préstamos y ahora están en la zona roja.
Los jóvenes aparecen como el segmento más vulnerable. Entraron al mercado laboral en los últimos años con contratos precarios, freelancers o monotributistas de bajos ingresos. El acceso al crédito fue relativamente fácil durante la pandemia y pospandemia, pero las condiciones cambiaron drásticamente. Hoy un atraso de dos cuotas puede disparar intereses que rápidamente se vuelven impagables.
Qué significa en la práctica
Un 12,7% de morosidad en el crédito al sector privado no es un número abstracto. Se traduce en familias que no pueden cubrir gastos básicos, en jóvenes que empiezan su vida adulta con el historial crediticio manchado y en un sistema financiero que, aunque muestra solidez en otros indicadores, acumula un riesgo latente en la base de la pirámide.
Desde los foros y comunidades online donde la gente comparte experiencias financieras, el relato es coincidente: “pagué una tarjeta con otra”, “usé el préstamo personal para llegar a fin de mes” o “ahora me llaman a toda hora de números privados”. Hay una especie de resignación colectiva ante un escenario donde endeudarse dejó de ser una opción y pasó a ser casi una necesidad.
Las señales que vienen
El dato de mayo confirma que la morosidad no tocó techo. Con la inflación todavía alta y los salarios recuperándose más lento que los precios, es probable que el ratio siga presionando al alza en los próximos meses. Las entidades financieras ya están endureciendo los criterios de otorgamiento, lo que a su vez deja afuera a quienes más necesitan acceso al crédito formal.
Es un problema que cruza generaciones pero que pega más fuerte en los menores de 35 años. Para ellos, la deuda no es solo un número en un balance: es una mochila que condiciona decisiones de vivienda, formación y hasta la posibilidad de formar una familia.
El 12,7% de morosidad en familias y el 40% de jóvenes con al menos un préstamo irregular no son solo estadísticas del BCRA. Son el retrato de una economía donde el ajuste se siente, sobre todo, en los bolsillos de quienes menos margen tienen para absorberlo.