Tecnología

Milei vinculó la baja natalidad al aborto legal: ¿qué dicen los datos?

El Presidente atribuyó la caída de la fecundidad a la ley de IVE. Un informe del UNFPA muestra que la tendencia empezó años antes y que las principales barreras son económicas, laborales y de vivienda.

Publicado el

Configuración genérica de autenticación en dos pasos

El 20 de agosto de 2026, durante un discurso en el Council of the Americas, el presidente Javier Milei vinculó la baja natalidad argentina con la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo. “Estamos pagando muy cara la locura de los pañuelitos verdes”, afirmó, y en entrevistas previas insistió en que la ley de 2020 generó un “desastre” en la tasa de reproducción.

Los datos disponibles, sin embargo, muestran una historia más compleja que comenzó mucho antes de la sanción de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Según la primera Encuesta de Intenciones Reproductivas elaborada por el UNFPA y VOICES!, la tasa global de fecundidad alcanzó 1,2 hijos por mujer en 2024, muy por debajo de los 2,1 necesarios para el reemplazo generacional. Pero esa caída se aceleró desde 2014, seis años antes de que el aborto fuera legalizado.

El informe “Deseos reproductivos en la encrucijada” revela que el ideal de dos hijos sigue siendo mayoritario: el 59% de las personas encuestadas desea tener entre uno y tres. Entre los consultados de 18 a 45 años, el 57% tiene una brecha reproductiva abierta: quiere más hijos de los que tiene. Entonces, la pregunta central no es por qué la gente tiene menos hijos, sino qué impide que concreten ese deseo.

Las respuestas apuntan mayoritariamente a condiciones materiales. El 47% menciona limitaciones financieras, el 29% inseguridad laboral y el 27% dificultades para acceder a una vivienda. Además, el 74% dice que no podría ocuparse de un hijo como debería por falta de tiempo, y el 60% señala problemas para compatibilizar crianza con empleo. Tener hijos aparece recién en el puesto 13 entre las condiciones para una vida plena (65%), muy por debajo de la salud (97%), la seguridad económica (96%) o la vivienda propia (95%).

La fecundidad adolescente, por su parte, cayó un 55% entre 2014 y 2020 entre las menores de 20 años. Esa baja se produjo antes de la ley de IVE y puede leerse como una ampliación de la autonomía reproductiva: más jóvenes pudieron evitar embarazos no deseados y continuar sus estudios.

El informe también pone en evidencia fuertes desigualdades. En los sectores de menor nivel educativo es más frecuente el “exceso reproductivo”, es decir, tener más hijos de los deseados. Además, la carga de la crianza sigue recayendo desproporcionadamente sobre las mujeres: el 62% declara hacerse cargo exclusivamente de bañar y vestir a sus hijos, y el 18% de ellas menciona el bajo involucramiento de la pareja como motivo para tener menos hijos.

Transformaciones culturales también juegan un rol. Entre las mujeres de 18 a 24 años, solo el 34% considera importante tener hijos para una vida plena y el 22% directamente no quiere tenerlos. El matrimonio perdió centralidad: apenas el 37% lo ve como condición para una vida plena.

Reducir la caída de la natalidad exclusivamente al aborto legal ignora evidencia cronológica, económica y social acumulada durante más de una década. La brecha entre el deseo de tener hijos y la posibilidad real de hacerlo responde principalmente a salarios que pierden poder adquisitivo, empleos precarios, costos de vivienda y crianza crecientes, y una distribución desigual de los cuidados.

Según informó Canal Abierto, la discusión demográfica debería empezar por preguntar por qué tantas personas no pueden tener los hijos que dicen desear, en lugar de buscar culpables simplistas en una ley que llegó cuando la tendencia ya estaba consolidada.

← Volver al blog