Economía

Milei flexibiliza la importación de maquinaria usada: qué cambia para la industria local

El Gobierno modificó por decreto el régimen de ingreso de líneas de producción usadas con el objetivo de bajar costos y acelerar proyectos industriales. Se amplió el listado de bienes, se simplificaron los trámites y se endurecieron las multas por irregularidades.

Publicado el 28 de junio de 2026, 06:00 hs

Fábrica argentina con operarios instalando maquinaria industrial importada de gran tamaño
Ámbito — Economía

El gobierno de Javier Milei avanzó con una medida que modifica las reglas para importar maquinaria usada destinada a proyectos industriales. A través de un decreto publicado en el Boletín Oficial, se amplió el alcance del régimen, se agilizaron los trámites de aprobación y se endurecieron las sanciones para quienes no cumplan con los requisitos.

La decisión busca reducir los costos de inversión en el sector productivo, uno de los principales reclamos de las cámaras industriales desde hace años. Hasta ahora, importar una línea de producción completa usada implicaba un proceso lento, con requisitos estrictos de certificación de origen y antigüedad que muchas veces terminaban frenando los proyectos.

Según el nuevo texto, se incorporan más bienes al listado de bienes alcanzados, lo que permitiría a las empresas traer desde el exterior equipamiento que antes quedaba fuera del régimen. Además, se reducen los tiempos de aprobación por parte de la Secretaría de Industria y Comercio, un punto clave para evitar que los proyectos se caigan por demoras administrativas.

Desde el Ejecutivo argumentan que esta flexibilización no implica un “blanqueo” indiscriminado de maquinaria obsoleta. El decreto mantiene requisitos de seguridad, eficiencia energética y compatibilidad con normas locales, pero elimina algunas barreras burocráticas que, según el Gobierno, solo servían para proteger intereses de importadores de equipo nuevo.

Qué cambia en la práctica

Para las PyMEs y medianas empresas manufactureras, el principal beneficio es el acceso a tecnología de segunda mano a precios más competitivos. Una línea de producción europea o asiática usada puede costar entre 40% y 70% menos que una nueva, lo que reduce drásticamente la inversión inicial en un contexto de tasas de interés altas y dólar elevado.

El decreto también endurece las sanciones. Quienes ingresen maquinaria que no cumpla con las especificaciones declaradas o que sea utilizada para fines distintos a los autorizados enfrentarán multas más altas y posibles inhabilitaciones. La idea es evitar que el relajamiento se convierta en una puerta trasera para equipamiento en mal estado.

Reacciones del sector

Cámaras como la UIA y la Asociación de Industriales Metalúrgicos vienen pidiendo hace tiempo una revisión del régimen de importación de usados. Consideran que la rigidez actual genera una desventaja competitiva frente a países de la región que ya tienen regímenes más flexibles.

Sin embargo, no faltan voces críticas. Algunos sectores de la industria local de bienes de capital advierten que esta medida podría afectar la demanda de maquinaria fabricada en Argentina, que ya viene golpeada por la recesión. “Bajar la barrera de entrada al usado es como subsidiar la competencia extranjera”, plantearon desde una entidad del sector.

El contexto económico

La medida se enmarca en la estrategia de Milei de eliminar regulaciones que, a su criterio, frenan la inversión. En los últimos meses ya se habían flexibilizado varios regímenes de importación, aunque con foco en insumos y bienes intermedios. Esta es la primera reforma importante que toca directamente al equipamiento productivo usado.

Desde el Gobierno sostienen que, lejos de desincentivar la producción local, la norma busca todo lo contrario: permitir que las fábricas argentinas modernicen sus plantas a menor costo y aumenten su competitividad. El tiempo dirá si el impulso a la importación de usados termina traduciéndose en más inversión y empleo industrial o si solo acelera la entrada de equipamiento que luego queda ocioso por falta de repuestos o mantenimiento.

Lo concreto es que, a partir de ahora, importar una línea completa de producción usada será más rápido, más barato y con mayor control posterior. Una jugada que el oficialismo vende como pragmatismo industrial en tiempos de ajuste.

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