Marcos Ayerra: "Mi rol fue contener y explicar que hay luz al final del túnel"
El exsecretario de Pymes y Economía del Conocimiento presenta su libro "Parásitos de la Argentina" y repasa las charlas con empresas durante la reconversión impulsada por el Gobierno.
Marcos Ayerra dejó la Secretaría de Pymes y Economía del Conocimiento hace pocos meses, pero su paso por el cargo sigue generando conversaciones en el mundo empresario. Ahora presenta su libro Parásitos de la Argentina, un texto que mezcla análisis económico, crítica política y algo de autobiografía. En una charla distendida, el ex funcionario cuenta cómo fue estar del otro lado del mostrador cuando el Gobierno decidió reconfigurar el rol del Estado en la economía.
"Parte de mi rol fue contener y explicar que hay luz al final del túnel", dice Ayerra. La frase resume meses de reuniones a veces tensas con dueños de pymes que veían cómo cambiaban las reglas de juego de un día para el otro. La reconversión que planteó el Ejecutivo implicó recortes en subsidios, eliminación de programas y una apuesta fuerte por que el sector privado tome la posta sin muletas estatales.
Según relata, muchas de las charlas empezaron con bronca y terminaron en una especie de resignación productiva. "Había empresas que vivían del Estado de una forma u otra. No solo subsidios directos, sino también regulaciones que las protegían de la competencia. Explicarles que eso se terminaba generaba miedo, lógico. Mi trabajo era mostrarles que, si se reconvertían, el mercado podía premiarlos".
El libro Parásitos de la Argentina no es una defensa cerrada de la actual gestión. Ayerra reconoce errores de comunicación y también de timing en algunas medidas. Pero defiende la idea central: durante décadas el país premió a sectores que vivían de rentas artificiales en lugar de apostar a la productividad. "Llamarlos parásitos suena fuerte, pero describe una lógica donde el éxito dependía más de los contactos en el Estado que de resolver problemas reales para la gente".
Las pymes de la economía del conocimiento fueron uno de los focos de su gestión. El sector venía creciendo a tasas altas antes de la asunción de Milei y, según Ayerra, resistió mejor el ajuste que otras ramas. "Muchas de esas empresas ya estaban preparadas para competir. Tenían talento, productos exportables y costos en dólares razonables. Lo que hicimos fue sacarles de encima regulaciones que las ahogaban".
Uno de los puntos que más repite en las presentaciones del libro es la necesidad de "contener" emocionalmente al sector productivo. No se trata solo de dar buenas noticias, sino de explicar con datos y casos concretos por qué el camino elegido, aunque doloroso en el corto plazo, puede generar resultados distintos en el mediano.
"En las reuniones había mucho silencio al principio. Después venían las preguntas concretas: ¿cómo hago para exportar si el dólar está así? ¿Qué pasa con las certificaciones que antes pagaba el Estado? Ahí entraba mi rol: conectar a la empresa con quien sí podía resolverlo, o explicarle que ahora tenía que resolverlo ella misma".
El ex secretario evita caer en la autocomplacencia. Reconoce que la transición fue más brusca de lo que muchos esperaban y que la falta de red de contención para algunos sectores generó situaciones dolorosas. Pero insiste en que la alternativa era seguir postergando el ajuste, algo que ya se había hecho durante años.
Parásitos de la Argentina sale en un momento particular: la economía muestra signos de estabilización pero la actividad sigue deprimida. Ayerra lo sabe y lo usa como excusa para volver sobre su tesis central. "El parásito no es solo el que vive del Estado. También es el que vive esperando que el Estado lo salve. Y eso incluye a muchos empresarios que hoy se quejan pero mañana pueden liderar si se animan".
La presentación del libro se convirtió casi en un evento de networking. Asistieron dueños de pymes, consultores, algunos funcionarios actuales y varios ex. En los pasillos se repetía la misma pregunta: ¿valió la pena tanto dolor? Ayerra responde con otra pregunta: "¿Queremos seguir siendo el país que fuimos o nos animamos a ser otro?".
Más allá del tono a veces provocador del título, el libro parece buscar diálogo más que confrontación. Es la reflexión de alguien que estuvo adentro del Estado y ahora lo mira desde afuera, con la distancia justa para criticar sin necesidad de defender todo lo actuado.
En un país donde los planes económicos duran menos que un suspiro, la experiencia de Ayerra ofrece un testimonio valioso: el de un funcionario que tuvo que explicar, en tiempo real, por qué el túnel parecía tan largo pero podía tener salida.