Lo que se dice en las mesas: para el Gobierno el 2027 es una recta, para inversores un camino lleno de curvas
Mientras el oficialismo proyecta estabilidad hasta las próximas elecciones, analistas e inversores ven riesgos en reservas, dólar y la sostenibilidad del esquema económico. Lo que realmente se conversa en los almuerzos de negocios.
En los últimos almuerzos de executives y fondos en Puerto Madero y Recoleta se repite la misma escena: alguien saca el tema del “camino a 2027” y la mesa se divide en dos. Del lado oficial, el relato es casi geométrico: una recta. Del lado de los que mueven dólares, la imagen es otra: una ruta cordillerana llena de contracurvas, donde cualquier error de cálculo puede tirar el auto al precipicio.
El Gobierno insiste en que la estabilización macro ya está consolidada. Inflación bajando, superávit fiscal primario, reservas que empiezan a recuperarse y un tipo de cambio que, según ellos, se mantiene competitivo. El plan es llegar a las elecciones con las cuentas ordenadas y sin necesidad de un ajuste brutal de última hora. Para ellos, el sendero es lineal: seguir ajustando, acumular reservas y dejar que el mercado valide la historia.
Pero en las mesas donde se discute con plata propia, el diagnóstico es bastante menos optimista. “Es muy audaz pensar que vas a llegar a 2027 con este nivel de reservas y este tipo de cambio”, sintetiza un portfolio manager de un fondo que opera en la city porteña. La preocupación central es la escasez de dólares genuinos. Las liquidaciones de soja y maíz ya pasaron su pico estacional y el BCRA sigue dependiendo fuertemente de la “renta financiera” para comprar reservas.
Los números que circulan en off son elocuentes. Las reservas netas todavía están en terreno negativo si se descuentan los swaps con China y otros compromisos. El dólar oficial viene atrasándose respecto de la inflación, lo que genera dos tensiones simultáneas: por un lado, desincentiva las exportaciones; por el otro, mantiene viva la expectativa de una devaluación más fuerte post elecciones de medio término.
Un banquero que opera con agro y energía lo pone en términos más crudos: “El Gobierno ganó la primera mitad del partido. Bajó la inflación, ordenó las cuentas. Pero la segunda mitad se juega en un terreno mucho más complicado: cómo generar dólares orgánicos sin devaluar y sin que se vuelva a romper el frente fiscal cuando empiecen a aflojarse las tarifas y los gastos”.
Desde el sector privado también se escuchan alertas sobre la sostenibilidad política del ajuste. La recesión ya lleva más de un año y medio. Si bien las encuestas muestran que una parte importante de la sociedad sigue bancando el esfuerzo, el desgaste social es visible. En los focus groups que encargan algunas consultoras aparece cada vez más el hartazgo: “¿Hasta cuándo?”. Ese “hasta cuándo” es la curva más peligrosa que ven los inversores.
Hay otro elemento que se menciona cada vez más: la falta de un plan de crecimiento claro. El Gobierno apuesta a que la estabilización por sí sola atraiga inversión. Pero los números de inversión bruta fija siguen deprimidos y los grandes proyectos de Vaca Muerta, litio y energía se demoran por la incertidumbre regulatoria y cambiaria.
“Es como si estuvieran manejando un auto con el tanque casi vacío por una ruta que tiene cada vez más curvas. Pueden seguir derecho un rato más, pero en algún momento van a tener que decidir si frenan, si doblan o si pisan el acelerador aunque no se vea la salida”, graficó un economista que asesora a varias multinacionales.
Mientras tanto, en el día a día del mercado, la estrategia de los grandes jugadores sigue siendo de prudencia. Nadie quiere quedar expuesto a un salto discreto del dólar. Por eso las posiciones en pesos son cortas, los plazos fijos se renuevan a diario y la demanda de cobertura en dólares (ya sea MEP, CCL o blue) se mantiene firme aunque los precios se hayan calmado.
El contraste entre el relato oficial y la percepción del mercado no es nuevo. Pero en esta etapa del ciclo parece estar llegando a un punto de máxima tensión. Para el Gobierno, admitir que el camino tiene curvas sería visto como una derrota política. Para los inversores, creer que es una recta puede ser una forma cara de equivocarse.
La pregunta que queda flotando en cada mesa es la misma: ¿el 2027 llegará como una llegada tranquila o como un derrape controlado? Por ahora, las dos visiones conviven. Pero en algún momento, una de las dos va a tener que ceder.