Lo posible: un biodrama que transforma el trauma en tragicomedia
Sol Cintas lleva su historia personal de un accidente de la infancia al escenario del Teatro El Grito en una obra que borra los límites entre realidad y ficción. Con humor, resiliencia y un elenco de egresados de UNA y EMAD, la tragicomedia se agotó y suma función el viernes 4 de septiembre.
Cuando Sol Cintas se sentó a escribir Lo posible, nunca imaginó que su ópera prima se convertiría en un éxito de taquilla. La obra, que cruza biodrama, teatro documental y ficción, ya agotó todas sus funciones en el Teatro El Grito (Costa Rica 5459, CABA) y por eso agregaron una nueva fecha: el viernes 4 de septiembre a las 20.
La pieza parte de un accidente trágico que marcó la infancia de la dramaturga y directora. Pero en lugar de reconstruir el dolor de manera literal, lo transforma en un territorio de imaginación donde todo vuelve a ser posible. Sofía, su alter ego, convoca a un elenco que se jacta de ser “eruditos teatrales” para representar escenas de una vida alternativa. Así, la ficción intenta reescribir lo que la realidad ya sentenció.
Durante toda la puesta se respira la pregunta central: ¿hasta dónde puede llegar el teatro cuando la realidad ya escribió su final? Ese interrogante se materializa en un dispositivo escénico que expone permanentemente su propia teatralidad. Los actores rompen la cuarta pared, comentan los mecanismos del teatro, discuten géneros y procedimientos semióticos. Lo que podría sonar académico se vuelve lúdico y divertido gracias al pulso de Cintas.
La idea surgió de una necesidad muy concreta. Cintas deseaba reencontrarse con una persona que había estado involucrada en el accidente. Como ese encuentro era imposible en la vida real, decidió imaginarlo y escribirlo. De ahí surgieron las primeras escenas. Luego, entusiasmada con la potencia de la ficción para recrear momentos deseados, fue sumando otras situaciones posibles. Así se armó la dramaturgia.
“Por mi condición de actriz, durante todo el proceso de escritura no pude evitar pensar en la puesta”, cuenta. Imaginaba cuerpos, desplazamientos y gestos. Por eso, apenas terminó el texto, se puso a dirigirla junto a Elena Acuña. Quería que la obra fuera muy lúdica y que ese juego se transmitiera en escena.
Hablar de teatro dentro de la obra también tuvo una función terapéutica para la autora. Como docente, sentía la necesidad de contextualizar, explicar y hasta exorcizar sus propios juicios de valor sobre el material. Exponer esos mecanismos la liberó para escribir con mayor libertad y humor.
Transformar la propia vida en arte no fue sencillo. “La vida es para mí el gran disparador”, afirma. En este caso se trataba de un hecho muy traumático. La obra forma parte de un largo proceso de sanación. Lo cuenta desde un lugar de resiliencia, sin morbo, combinando tristeza con mucho humor. El resultado es un hecho artístico que trasciende la tragedia y abre interrogantes sobre lo que hacemos con lo que nos sucede, la mirada que podemos tener de las cosas y las posibilidades de la ficción.
Una vez que comenzaron los ensayos, Cintas se puso en modo directora y logró distanciarse de su historia personal. Disfrutó el proceso colectivo con el elenco integrado por Lola Penélope, Omar Possemato, Marcela Rovello y Franco Giacoboni. El gran desafío fue ver la reacción del público. “Me sorprendió que se rieran tanto, y me gustó porque era lo que yo quería”, dice. Cada función es para ella “una fiesta y un torbellino de emociones”. La gente sale emocionada y agradecida.
Lo posible es una experiencia escénica conmovedora y profundamente contemporánea. Con sólidos aportes en composición coreográfica (Andrés Molina), música original y diseño sonoro (Pepo Lapouble), iluminación (Damián Monzón), escenografía y vestuario (Paula Molina), la puesta demuestra que incluso frente a lo irreversible, la imaginación puede abrir otra posibilidad.
La obra se presenta en el Teatro El Grito con las funciones restantes agotadas y la nueva fecha del viernes 4 de septiembre. Una propuesta que invita a pensar, reír y emocionarse con la potencia sanadora del teatro.