Las dos caras del consumo: sube el gasto privado pero se derrumba la venta de masivos
Mientras el consumo privado muestra signos de recuperación, las ventas de productos masivos caen y el humor social se resiente. Especialistas advierten su impacto en un año electoral.
El consumo en la Argentina muestra dos realidades contrapuestas. Por un lado, el gasto privado total crece levemente en los últimos meses. Por el otro, la venta de productos masivos —aquellos que llenan changuitos en supermercados y almacenes— cae de manera sostenida. Y eso, según especialistas, está afectando directamente el humor social en un año clave como 2026.
Durante el CtB Summit organizado por la Cámara de Empresas de Investigación Social y de Mercado (CEIM), varios expertos coincidieron en que el consumo masivo es uno de los termómetros más sensibles del ánimo colectivo. "El consumo masivo es el que más cambia el humor social de las personas y hay que considerarlo en un período electoral", advirtieron.
El ajuste en los hogares es el principal responsable. Después de años de inflación alta y pérdida de poder adquisitivo, los argentinos se volvieron más racionales a la hora de comprar. Se prioriza lo esencial, se postergan compras impulsivas y se busca constantemente la mejor oferta. Esto explica por qué, aunque el gasto privado en general repunta, las categorías de productos masivos como alimentos, bebidas, higiene y limpieza muestran caídas consistentes.
Las empresas ya lo están sintiendo. Varias marcas líderes han tenido que revisar sus estrategias de pricing, promociones y hasta el tamaño de los envases. El consumidor no solo gasta menos, sino que lo hace de manera más consciente. En los focus groups que se realizan en Buenos Aires y el conurbano, aparece cada vez más la idea de "administrar lo que hay" en lugar de "gastar lo que entra".
Este fenómeno no es solo económico. Tiene un componente emocional fuerte. El humor social, medido a través de encuestas de consumo y confianza, viene deteriorándose en paralelo a la caída de las ventas masivas. En un contexto electoral, esto se vuelve aún más relevante: los votantes que sienten que "no les alcanza" suelen expresarlo en las urnas.
Desde la CEIM remarcan que las compañías que logren entender esta nueva racionalidad del consumidor tendrán ventaja. No se trata solo de bajar precios, sino de generar confianza y ofrecer valor real. Aquellas que sigan apostando a estrategias de hace tres o cuatro años corren el riesgo de perder share de manera irreversible.
El desafío es complejo porque el escenario macro no ayuda del todo. Si bien hay señales de estabilización, la memoria inflacionaria sigue muy presente. Un consumidor que durante años vio cómo su sueldo perdía contra los precios ahora es mucho más cauteloso, aunque los números agregados del consumo privado muestren una leve mejoría.
En las próximas semanas, con el avance de la campaña electoral, es probable que este tema cobre aún más protagonismo. Porque detrás de las cifras de consumo masivo hay algo más profundo: cómo se siente la gente cuando llena la heladera o va al supermercado. Y ese sentimiento, advierten los especialistas, suele ser un muy buen predictor de comportamiento electoral.