La UCA alertó sobre la alta incertidumbre económica y los límites de la asistencia contra la pobreza infantil
Dos informes de la Universidad Católica Argentina revelan que el Índice de Incertidumbre Económica se mantiene en niveles elevados y que, aunque la AUH y la Tarjeta Alimentar contienen la indigencia, no resuelven las múltiples dimensiones de la pobreza en niños, niñas y adolescentes.
El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA) encendió dos alertas que ponen en evidencia las tensiones que todavía atraviesa la economía local y sus consecuencias en los sectores más vulnerables.
Por un lado, el Índice de Incertidumbre Económica correspondiente a julio de 2026 se ubicó en 54 puntos. Esto significa que, en promedio, cada 10.000 palabras de mensajes económicos contienen 54 términos asociados a la incertidumbre. El valor se consolidó por encima del piso de 50 que había registrado en enero y refleja que las preocupaciones por la política, la inestabilidad económica y el trabajo siguen dominando el discurso.
Esta persistencia es clave porque la estabilización de algunas variables macro no se traduce automáticamente en mayor previsibilidad para las familias. Las decisiones de consumo, ahorro, inversión o endeudamiento dependen fuertemente de las expectativas sobre el futuro y de la percepción de que los ingresos se puedan sostener en el tiempo.
En paralelo, un nuevo informe del Observatorio se centró en la pobreza infantil y el rol de las principales transferencias estatales. La Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar cumplen una función de contención fundamental, especialmente para evitar situaciones de indigencia. Según los datos de la UCA, estas políticas han tenido un “efecto protector” frente a la inseguridad alimentaria, sobre todo en contextos críticos.
Sin embargo, el mismo estudio advierte que no se puede confundir este alivio con una solución integral. La pobreza infantil tiene dimensiones que van mucho más allá del ingreso y la alimentación. Incluye el acceso a ropa adecuada, oportunidades de socialización con pares y condiciones para el aprendizaje y el desarrollo pleno.
“El empleo de los adultos es clave”, habían señalado en trabajos anteriores del Observatorio. Las transferencias pueden amortiguar el impacto de la pérdida de ingresos y actuar como red de protección cuando el mercado laboral no genera lo suficiente, pero sus límites quedan expuestos cuando los ingresos laborales de los adultos permanecen deteriorados.
Una familia puede superar el umbral de indigencia gracias a estas ayudas y, al mismo tiempo, seguir sin poder afrontar otros gastos esenciales que forman parte del desarrollo cotidiano de los chicos. Ese desfasaje marca la diferencia entre mejorar un indicador estadístico y transformar realmente las condiciones de vida.
Según informó Ámbito, los datos refuerzan la idea de que, si bien las políticas sociales cumplen un rol insustituible en la contención inmediata, la salida estructural pasa por la recuperación sostenida del empleo y por intervenciones que aborden la pobreza en todas sus dimensiones.
En un contexto donde la incertidumbre económica no baja, estas advertencias de la UCA sirven como recordatorio de que la estabilización macroeconómica todavía no llegó con la misma fuerza a los hogares, especialmente a aquellos con niños y adolescentes.