La recaudación de impuestos volvió a caer en junio y golpeó fuerte a las provincias
Tras el impulso extraordinario de Ganancias en mayo, junio mostró un nuevo desplome en la recaudación tributaria. Las provincias, que dependen en gran medida de la coparticipación, vuelven a sentir la presión fiscal.
La recaudación de impuestos registró en junio una nueva caída, revirtiendo el repunte puntual que se había visto en mayo gracias a un pago extraordinario de Ganancias. Según datos oficiales, el mes cerró con una baja real interanual que afecta directamente el flujo de recursos hacia las provincias.
Este comportamiento no es aislado. Desde hace varios meses la tendencia general de los ingresos tributarios muestra una volatilidad preocupante. Lo que en mayo parecía un respiro —impulsado por el ajuste en el Impuesto a las Ganancias de las empresas— se diluyó rápidamente en junio, cuando los principales gravámenes volvieron a mostrar números en rojo en términos reales.
Las provincias son las más expuestas a este vaivén. Gran parte de sus recursos proviene de la coparticipación federal, que se calcula sobre la recaudación bruta. Una caída sostenida implica menos fondos para salud, educación e infraestructura en el interior del país. Gobernadores de distintas fuerzas políticas ya comenzaron a manifestar su inquietud en reuniones privadas y algunos incluso salieron públicamente a pedir mayor previsibilidad.
Economistas consultados coinciden en que el fenómeno responde a una combinación de factores: menor actividad económica, inflación que erosiona las bases imponibles y el impacto de las medidas de ajuste fiscal implementadas a nivel nacional. El consumo, que históricamente empuja al IVA, sigue deprimido. Las importaciones, que alimentan los derechos aduaneros, continúan en niveles bajos.
Desde el Ministerio de Economía aseguran que se trata de un ajuste transitorio y que la meta de superávit primario se mantiene. Sin embargo, en los despachos provinciales el humor es otro. Varias administraciones ya empezaron a recortar gastos corrientes y postergar obras públicas para no depender exclusivamente de las transferencias automáticas de la Nación.
El dato de junio vuelve a poner sobre la mesa un debate estructural: la dependencia excesiva de las provincias respecto de los recursos coparticipables. En un contexto de caída de la recaudación, esa dependencia se vuelve más riesgosa. Algunos gobernadores ya plantean abiertamente la necesidad de discutir una nueva ley de coparticipación, aunque reconocen que el momento político no es el más propicio.
Mientras tanto, los contribuyentes siguen cargando con una presión impositiva que, según varios estudios privados, se ubica entre las más altas de la región. La paradoja es evidente: se recauda menos porque la economía no crece, pero para equilibrar las cuentas se mantiene alta la carga tributaria. Un círculo vicioso que, por ahora, no muestra señales claras de romperse.
El mes de julio será clave para ver si la tendencia se consolida o si algún factor estacional —como el pago del aguinaldo o liquidaciones de impuestos diferidos— vuelve a maquillar las cifras. Por lo pronto, las provincias ya empezaron a ajustar sus presupuestos con la calculadora en la mano y la mirada puesta en Buenos Aires.