Economía

La presión impositiva de 2026 será la más baja en 20 años: por qué es difícil acelerar la baja de retenciones

Los ingresos por retenciones cayeron 40% en el primer semestre y la presión tributaria total tocará su nivel más bajo desde 2006. Sin embargo, acelerar la quita de retenciones sigue siendo una cuenta que no cierra fácilmente.

Publicado el 27 de julio de 2026, 13:35 hs

Gráfico descendente de presión impositiva argentina con balanza comercial y silo de granos al fondo

Los números oficiales del primer semestre de 2026 confirman una tendencia que se venía gestando desde la reforma tributaria de 2025: la presión impositiva este año cerraría como la más baja de las últimas dos décadas.

Según datos de la AFIP y el Ministerio de Economía, las retenciones cayeron 40% en términos reales respecto del mismo período de 2025. El IVA, por su parte, muestra una contracción del 7%. En términos de Producto Bruto Interno, las retenciones bajan 0,19 puntos y el IVA 0,43 puntos respecto del año anterior.

Con estos movimientos, la carga tributaria total del país se ubicaría en torno al 27,5% del PBI, el registro más bajo desde 2006. Un dato que, en el discurso oficial, se lee como un éxito de la política de alivio fiscal. Pero en los despachos técnicos y en las mesas de los economistas, genera más preguntas que celebraciones.

Por qué cuesta tanto bajar más las retenciones

La principal traba es aritmética pura. Las retenciones al agro siguen siendo una de las fuentes de ingresos más importantes del fisco, especialmente en un contexto donde el superávit primario se sostiene con uñas y dientes. Bajarlas de manera más agresiva implicaría resignar entre 0,8 y 1,2 puntos del PBI según distintas estimaciones privadas. En un presupuesto que todavía tiene poco margen de maniobra, esa plata tiene que salir de algún lado.

Desde el gobierno argumentan que la baja ya está en marcha: la quita escalonada de derechos de exportación que se votó el año pasado ya empezó a reflejarse en los números. Pero acelerar ese cronograma chocaría contra dos realidades. Primero, la necesidad de seguir acumulando reservas en el Banco Central. Segundo, el hecho de que la recaudación por IVA sigue siendo débil, afectada por el consumo todavía tibio y por la formalización que avanza más lento de lo esperado.

Un informe reciente de la Fundación Mediterránea señala que, si bien la presión impositiva baja, la estructura tributaria sigue siendo regresiva. “Bajar retenciones es bueno para la inversión y las exportaciones, pero sin una reforma más profunda del IVA y Ganancias, el alivio se concentra en pocos sectores”, advierten.

El efecto en el campo y las exportaciones

Para el sector agroexportador la noticia es claramente positiva. Productores de soja, maíz y trigo ya perciben que, por cada dólar exportado, se quedan con más pesos en el bolsillo. Eso se traduce en mayor intención de siembra para la campaña 2026/2027, según datos de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. Sin embargo, el mismo informe advierte que la mejora no alcanza para compensar los atrasos cambiarios acumulados ni la suba de costos logísticos.

“Es un alivio, pero todavía estamos lejos de los niveles de competitividad que teníamos antes de 2019”, resume un ingeniero agrónomo del norte de Santa Fe que pidió no ser nombrado. Su planteo se repite en muchos campos: la baja de retenciones ayuda, pero no soluciona los problemas estructurales de competitividad.

Qué viene ahora

En el equipo económico descartan por ahora una aceleración fuerte de la quita de retenciones antes de fin de año. La prioridad declarada es mantener el superávit y seguir bajando la inflación. Recién en el presupuesto 2027, que se discutirá en el Congreso en las próximas semanas, se podría abrir una discusión más profunda sobre cómo seguir aliviando la carga tributaria sin comprometer la estabilidad fiscal.

Mientras tanto, la paradoja del momento económico argentino queda a la vista: nunca en 20 años el Estado tomó menos del PBI en impuestos, pero nunca tampoco fue tan evidente que esa baja no alcanza para destrabar el crecimiento que el país necesita.

El detalle que pocos mencionan es que gran parte de esa “baja histórica” de presión impositiva no viene de una decisión virtuosa de política tributaria, sino de la recesión que todavía arrastra el consumo y, por ende, la recaudación de impuestos indirectos. Cuando la economía repunte, esa presión volverá a subir casi automáticamente. La verdadera discusión, entonces, no es si la presión es alta o baja, sino si el sistema tributario que tenemos sigue siendo el adecuado para el país que queremos tener en los próximos años.

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