La otra cara del superávit: cómo el ajuste nacional deteriora las cuentas provinciales
Mientras el Gobierno celebra un superávit primario de $1,9 billones en mayo, los datos oficiales revelan un fuerte deterioro en las finanzas de las 24 provincias. El equilibrio nacional se sostiene en parte a costa de las transferencias y el recorte de recursos a los distritos.
El Ministerio de Economía anunció esta semana un superávit primario de $1,9 billones para mayo, un número que el oficialismo presentó como prueba de que el ajuste está dando resultados y que el equilibrio fiscal es alcanzable. Sin embargo, al mirar debajo de la alfombra, los números oficiales de las provincias muestran una realidad muy distinta: un deterioro fuerte y generalizado en las cuentas subnacionales.
Según datos del Ministerio de Economía y de la Oficina de Presupuesto del Congreso, el superávit nacional se logró en buena medida gracias a la reducción de transferencias automáticas a las provincias y a un recorte en obras públicas y otros gastos que tradicionalmente financiaban las administraciones locales. De las 24 jurisdicciones, 18 cerraron mayo con déficit primario. El rojo acumulado en lo que va del año ya supera los $800.000 millones, una cifra que contrasta fuertemente con el superávit que celebra la Nación.
El mecanismo es conocido: la coparticipación federal cayó en términos reales, las transferencias discrecionales se redujeron drásticamente y varios gobernadores se vieron obligados a ajustar por su cuenta, muchas veces con medidas impopulares. En provincias como Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Mendoza el efecto es más visible. En el caso bonaerense, el déficit primario acumulado ya supera los $400.000 millones, según estimaciones de consultoras como Ecolatina y Analytica.
"Estamos viendo un traslado del ajuste desde la Nación hacia las provincias", explica un economista que sigue de cerca las cuentas públicas y que pidió reserva de su nombre. "El superávit nacional es real, pero parte de él se explica por el deterioro de las cuentas subnacionales. Es como si la casa estuviera ordenada arriba pero los cimientos estuvieran agrietados".
Este desequilibrio no es solo contable. Varias provincias ya empezaron a retrasar pagos a proveedores, a postergar obras y, en algunos casos, a pedir adelantos de coparticipación o a recurrir al endeudamiento. En el norte del país, donde la dependencia de las transferencias nacionales es mayor, la situación se torna aún más crítica: Salta, Jujuy, Formosa y Chaco acumulan meses de rojo fiscal y ya advierten sobre posibles recortes en salud y educación.
Desde el Gobierno nacional argumentan que las provincias también tienen que hacer su parte del ajuste y que muchos gobernadores dilataron durante años las reformas necesarias. Sin embargo, los datos del primer cuatrimestre muestran que el esfuerzo no está repartido de manera equitativa. Mientras la Nación logró un superávit primario equivalente al 0,5% del PBI en los primeros cinco meses, las provincias en conjunto acumulan un déficit primario de casi 0,3% del PBI.
El impacto se siente también en el mercado. Los bonos provinciales perdieron valor en las últimas semanas y varios gobernadores ya empezaron a negociar con el FMI y con bancos internacionales para conseguir financiamiento. La provincia de Buenos Aires, la más grande y endeudada, es la que más atención genera: su capacidad de pago está bajo la lupa de los inversores.
"El superávit nacional es importante, pero no puede sostenerse eternamente sobre el desfinanciamiento de las provincias", advierte otro analista. "Tarde o temprano ese desequilibrio va a volver como un boomerang: sea en forma de mayor demanda de transferencias, de conflictos políticos o de menor actividad económica en el interior".
Por ahora, el Gobierno mantiene el discurso de que el ajuste es parejo y que todos los niveles del Estado deben achicar. Pero los números de mayo, una vez más, muestran que la otra cara del superávit es un conjunto de provincias cada vez más ajustadas, con menos recursos y con problemas que, si no se resuelven, pueden terminar afectando la estabilidad macro que tanto se celebra en los despachos de la Rosada.