La industria metalúrgica se hundió en mayo y la capacidad ociosa ya iguala al peor momento de la pandemia
El sector acumula caídas interanuales y mensuales, con Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba como las provincias más afectadas. La capacidad ociosa alcanzó niveles récord similares a los de 2020.
La industria metalúrgica argentina atraviesa uno de sus peores momentos en años. Según datos del INDEC y la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA), en mayo la producción cayó un 18,2% interanual y un 4,1% respecto a abril. La capacidad ociosa del sector ya roza el 45%, un nivel que solo se vio durante los meses más duros de la pandemia de COVID-19.
Las provincias más afectadas son Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, que concentran la mayor parte de las plantas metalúrgicas del país. En el AMBA la caída fue del 21%, mientras que en el centro del país las pymes locales reportan paradas técnicas y suspensiones masivas. “No es una crisis puntual, es un combo de falta de demanda, altos costos y crédito inexistente”, resumió un empresario cordobés que pidió reserva de su nombre.
El dato no sorprende a quienes siguen la evolución del sector. Desde hace meses las terminales automotrices y las empresas de electrodomésticos, principales demandantes de piezas metálicas, vienen reduciendo sus pedidos. A eso se suma la fuerte contracción del consumo interno y la parálisis en la obra pública, que solía absorber una parte importante de la producción de perfiles y estructuras.
Según ADIMRA, el 62% de las empresas metalúrgicas ya implementó suspensiones o reducciones de jornada. En algunas zonas del Gran Buenos Aires se habla abiertamente de “licenciamientos temporales” que en los hechos se parecen mucho a despidos encubiertos. El empleo formal en el sector cayó 3,8% en los últimos doce meses, según el Ministerio de Trabajo.
Desde el Gobierno sostienen que se trata de un “ajuste necesario” para bajar la inflación y recomponer las variables macroeconómicas. Sin embargo, en los pasillos de las fábricas el discurso es otro: sin crédito blando, con tarifas energéticas por las nubes y un tipo de cambio que no termina de acompañar, la industria se está desangrando. “Estamos produciendo al 55% de nuestra capacidad. Eso significa que tenemos plantas enteras paradas y personal calificado que no sabemos cómo retener”, explica un directivo de una mediana empresa de Santa Fe.
El fantasma de la pandemia vuelve a aparecer en las comparaciones. En abril y mayo de 2020 la capacidad ociosa superó el 47% por las restricciones sanitarias. Hoy, sin cuarentena de por medio, el número es prácticamente el mismo. La diferencia, según los empresarios, es que en 2020 había una explicación externa y expectativas de rebote. Ahora la sensación es de estancamiento estructural.
¿Qué puede pasar de acá en adelante? Los analistas más optimistas hablan de una leve recuperación en el segundo semestre si la inflación sigue bajando y el consumo interno repunta. Los más pesimistas advierten que varias pymes no van a llegar a diciembre. Mientras tanto, en los galpones de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba las máquinas siguen calladas y los números rojos se acumulan.
La metalúrgica no es solo un sector más. Es uno de los que más empleo de calidad genera y uno de los que más valor agregado produce. Cuando se hunde, el golpe se siente en toda la cadena: desde los proveedores de acero hasta los comercios de los barrios obreros. Por ahora, el silencio de las fábricas es el ruido más fuerte de la economía real.