La grieta de la economía: macro estable pero morosidad crediticia en alza
Mientras los números de la macroeconomía muestran mejoras, crece la morosidad en créditos personales, tarjetas y pymes. Economistas alertan sobre la sostenibilidad del modelo actual.
Los números de la macroeconomía argentina vienen dando algunas satisfacciones después de años turbulentos. Inflación en baja, reservas que se recuperan y un superávit fiscal que se sostiene. Pero abajo, en la vida cotidiana de las familias y las pequeñas empresas, la realidad cuenta otra historia.
Según datos del Banco Central, la morosidad en el sistema financiero viene subiendo de manera sostenida. Los créditos personales y las tarjetas de crédito son los que más sufren: en los últimos meses, el porcentaje de deudores en atraso trepó varios puntos. No se trata de un rebote estacional. Es una tendencia que inquieta a analistas y banqueros por igual.
"Hay una grieta cada vez más visible", explica un economista que prefiere no ser nombrado. "La macro se acomoda, pero la micro no acompaña. La gente achicó gastos, pero los ingresos no terminan de recuperarse al ritmo necesario para cumplir con las obligaciones".
El fenómeno no es solo de los hogares. Las pymes también están complicadas. Con tasas de interés altas y una demanda interna que recién empieza a despertar, muchos empresarios optan por refinanciar o directamente caen en mora. En algunos rubros como comercio y servicios, el aumento de la morosidad supera el 30% interanual.
Desde el gobierno celebran los logros macro y sostienen que es cuestión de tiempo para que la mejora llegue a todos. "Primero hay que ordenar la casa", repiten en los despachos oficiales. Pero en los barrios y en las PyMEs el tiempo apremia. Los ajustes duelen y el crédito, que en otras épocas era salvavidas, hoy se volvió una soga.
Economistas de distintas tendencias coinciden en que esta disociación no es sostenible a largo plazo. Si la morosidad sigue subiendo, puede terminar afectando la salud del sistema financiero y frenando la reactivación que se busca. Algunos proponen medidas más focalizadas: alivio en tasas para sectores específicos, líneas de crédito subsidiadas o incluso una revisión de la política monetaria.
Lo que nadie termina de explicar es cómo se cierra esta brecha. Porque mientras los titulares hablan de "estabilización", en las casas y negocios la cuenta no cierra. La inflación baja, sí, pero los precios siguen altos y los salarios, aunque se recuperan en términos reales, todavía no alcanzan para cubrir el atraso acumulado.
Hay algo de estas historias que se repiten en la Argentina: la macro que mira para un lado y la realidad cotidiana que va por otro. Esta vez la grieta parece más profunda porque el esfuerzo de ajuste fue grande y los resultados macro son innegables. Pero si la micro no arranca, el modelo corre riesgo de agotamiento.
El desafío para los próximos meses es claro: cómo hacer que la mejora de los grandes números se traduzca en alivio concreto para las familias y empresas que hoy están al límite con sus deudas. Porque una economía que solo funciona en los papeles no es una economía que funcione de verdad.