La canasta básica subió 2,2% en julio y una familia necesitó más de $1.560.000 para no ser pobre
Tanto la canasta básica como la total superaron la inflación general de julio, impulsadas por el fuerte aumento en los precios de los alimentos. El dato refleja el impacto en el bolsillo de las familias porteñas.
Según los datos difundidos este jueves 13 de agosto por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la canasta básica total —que define el umbral de pobreza— subió 2,2% en julio. Con este incremento, una familia tipo de cuatro miembros (dos adultos y dos niños) necesitó más de $1.560.000 para no caer bajo la línea de pobreza.
La cifra representa un salto por encima de la inflación general del mes, que se ubicó en torno al 1,9%. El dato más preocupante es que la canasta básica alimentaria, que marca el límite de indigencia, también trepó 2,5%, impulsada por aumentos significativos en productos como carnes, lácteos, frutas y verduras.
Este comportamiento de los alimentos —que pesan fuertemente en la estructura de gastos de los hogares de menores ingresos— explica en gran parte el desvío. En un contexto donde los salarios vienen recuperando terreno de forma lenta, el dato vuelve a poner en evidencia la brecha entre la evolución de los precios y el poder adquisitivo.
En lo que va del año, la canasta básica acumula un incremento de casi 28%, mientras que la inflación general acumulada ronda el 22%. Para las familias que viven en el Área Metropolitana de Buenos Aires, esto se traduce en una presión constante sobre el presupuesto mensual, especialmente en rubros como el supermercado y los servicios básicos.
El informe del INDEC también detalla que el costo de la canasta básica alimentaria para una familia tipo alcanzó los $780.000 aproximadamente, lo que define el piso de indigencia. Quienes no alcanzan ese monto quedan por debajo de la línea de indigencia, una situación que afecta a un porcentaje creciente de hogares según los últimos relevamientos.
Desde el Observatorio de la Deuda Social de la UCA, vienen advirtiendo hace meses que la recuperación económica no llega con la misma intensidad a todos los sectores. Las familias más vulnerables enfrentan aumentos desproporcionados en los bienes de primera necesidad, lo que complica aún más el acceso a una alimentación adecuada.
Aunque el gobierno destaca la desaceleración inflacionaria de los últimos meses, los números de julio muestran que los alimentos siguen corriendo más rápido que el promedio. Esto genera un efecto redistributivo regresivo: los que menos tienen terminan destinando una porción mayor de sus ingresos a cubrir lo básico.
En términos prácticos, una familia que en junio necesitaba alrededor de $1.525.000 para cubrir la canasta básica, ahora debe sumar más de $35.000 extras solo para mantener el mismo nivel. Ese ajuste no siempre es posible, y suele traducirse en recortes en otros rubros como salud, educación o transporte.
El dato llega en un momento clave: las paritarias siguen abiertas en varios sectores y la discusión sobre el salario mínimo vital y móvil vuelve a tomar protagonismo. Mientras tanto, en los barrios populares porteños la cuenta sigue siendo la misma de siempre: estirar el dinero para llegar a fin de mes se vuelve cada vez más difícil.