Jordania recortó la brecha de PBI per cápita con Argentina: el rol del turismo y la ayuda de EE.UU.
A inicios de siglo, el PBI per cápita argentino era casi cinco veces superior al jordano. Hoy esa brecha se achicó a 3,2. El turismo se convirtió en motor clave para Amán, mientras ambos países dependen de la asistencia estadounidense.
A comienzos de los 2000, un argentino promedio vivía con un ingreso casi cinco veces superior al de un jordano. Dos décadas después, esa brecha se redujo drásticamente a 3,2 veces. Jordania, un país de 11 millones de habitantes enclavado entre Israel, Arabia Saudita, Irak y Siria, logró crecer de forma sostenida en un entorno regional hostil.
El dato no es menor. Mientras Argentina atravesó ciclos de crisis recurrentes —devaluaciones, defaults y alta inflación—, Jordania mantuvo una estabilidad macroeconómica relativa. Su PBI per cápita, medido en dólares corrientes, pasó de alrededor de 1.700 dólares en 2000 a más de 4.500 en la actualidad, según datos del Banco Mundial. Argentina, que en ese entonces rondaba los 7.600 dólares per cápita, hoy se ubica cerca de los 13.000, pero con una volatilidad que erosiona las ganancias.
El turismo como motor de desarrollo
El sector turístico explica gran parte del éxito jordano. Sitios como Petra —declarada maravilla del mundo—, el Mar Muerto, Wadi Rum y Jerash atraen cada año a millones de visitantes. Antes de la pandemia, el turismo representaba cerca del 14% del PBI y empleaba a más del 10% de la población activa. En 2023, el país recibió más de 5 millones de turistas, superando ampliamente las cifras prepandemia.
A diferencia de otros países de la región que dependen casi exclusivamente del petróleo, Jordania apostó por diversificar. Invirtió en infraestructura hotelera, capacitó guías y promovió el turismo sostenible. El gobierno jordano, con apoyo de organismos internacionales, desarrolló campañas que posicionan al país como un destino seguro y culturalmente rico en medio de un Oriente Medio convulso.
La mano de Washington en ambos casos
Tanto Argentina como Jordania son aliados estratégicos de Estados Unidos, aunque por razones distintas. Jordania recibe desde hace décadas una asistencia económica y militar significativa: alrededor de 1.500 millones de dólares anuales. Esta ayuda, que incluye subsidios directos y apoyo presupuestario, representa una parte importante de su presupuesto nacional y le permite mantener estabilidad en una zona de alto riesgo geopolítico.
En el caso argentino, la relación con Washington es más intermitente pero igualmente relevante. Desde el FMI hasta acuerdos bilaterales, la influencia estadounidense ha sido constante, aunque sin el carácter estructural que tiene en Jordania. Ambos países, sin embargo, muestran cómo la asistencia externa puede amortiguar (o postergar) crisis internas.
Un modelo con límites
Pese a los avances, Jordania enfrenta desafíos serios: alta deuda pública (alrededor del 110% del PBI), desempleo juvenil superior al 40%, dependencia del agua y un contexto regional que puede deteriorarse rápidamente. El país alberga además más de un millón de refugiados sirios, lo que genera presión adicional sobre sus recursos.
Desde la mirada argentina, el caso jordano invita a reflexionar sobre la importancia de la estabilidad y la diversificación productiva. Mientras Jordania convirtió sus tesoros arqueológicos y su posición geográfica en activos económicos, Argentina sigue buscando un modelo que le permita crecer de forma sostenida más allá de los vaivenes políticos.
El achicamiento de la brecha de PBI per cápita entre ambos países no significa que Jordania haya “alcanzado” a Argentina, pero sí revela que, con políticas consistentes y foco en sectores competitivos como el turismo, un país con menos recursos naturales puede reducir distancias de manera notable en dos décadas.