Guillermo Oliveto: "Cómo llega el litio de Catamarca al Conurbano es una respuesta de modelo de país que aún
El especialista en consumo analiza la oportunidad histórica que abre el litio y el nuevo modelo económico, pero advierte que el verdadero desafío es conectar esos beneficios con la realidad productiva y social del Conurbano y el resto del país.
Guillermo Oliveto no es un analista de minería ni un experto en geopolítica de recursos. Es uno de los consultores que mejor lee el consumo y los comportamientos sociales en la Argentina. Por eso, cuando habla del litio de Catamarca y de cómo ese recurso llega (o no llega) al Conurbano bonaerense, no está haciendo un discurso técnico: está poniendo el dedo en la llaga de un modelo de país que todavía no termina de definirse.
En una reciente exposición, Oliveto planteó que el auge del litio representa una “oportunidad histórica” para la Argentina, pero que el verdadero desafío no pasa por extraerlo o exportarlo, sino por cómo se integra ese valor a la economía real del día a día de millones de argentinos. “Cómo llega el litio de Catamarca al Conurbano es una respuesta de modelo de país que aún no está”, resumió con su habitual claridad.
El especialista en consumo destaca que el nuevo escenario económico, con mayor apertura a las inversiones en minería y energía, abre una ventana que el país no tuvo en las últimas décadas. Sin embargo, advierte que si esa renta no se traduce en un círculo virtuoso que incluya empleo de calidad, desarrollo de proveedores locales, formación técnica y mejora en las condiciones de vida de las regiones más postergadas, el efecto será limitado.
“El litio puede generar divisas y puede ser un gran negocio. Pero si no genera trabajo genuino, si no potencia la industria metalmecánica, si no mejora la vida de la gente en el Norte y tampoco se siente en el Gran Buenos Aires, estamos repitiendo un esquema extractivo que ya conocemos”, señaló.
Oliveto no habla desde el romanticismo ni desde el anti-extractivismo. Reconoce que el mundo necesita litio para la transición energética y que la Argentina tiene una de las mayores reservas mundiales. Lo que cuestiona es la desconexión entre ese boom y la realidad productiva y social de amplias regiones del país, especialmente del Conurbano, donde vive casi la mitad de la población económicamente activa.
La gran pregunta que deja flotando es cómo hacer que el valor generado por el litio, el cobre o el hidrógeno verde se irrigue hacia sectores como la industria automotriz, la electrónica, la construcción de baterías o incluso la generación de empleo indirecto en servicios. Sin ese puente, el riesgo es que el crecimiento sea geográficamente concentrado y socialmente excluyente.
Desde su mirada sobre el consumo, Oliveto observa que la clase media y los sectores populares del Conurbano siguen dependiendo de un entramado productivo que lleva años en crisis: industria liviana, comercio, servicios y empleo público. El litio, por ahora, aparece como algo lejano, casi abstracto. Y eso, para un observador de la sociedad como él, es una señal de alerta.
El desafío que plantea no es solo económico, es también político y cultural: construir un relato y un esquema concreto que permita que el boom minero no sea solo un enclave de exportación, sino un motor que tire del resto de la economía. Mientras esa respuesta no aparezca, el litio seguirá siendo una promesa brillante pero desconectada de la vida cotidiana de millones de argentinos.