Granja Tres Arroyos suspendió su producción: trabajadores denuncian vaciamiento
La mayor avícola del país paralizó sus operaciones alegando problemas eléctricos, pero la remoción de maquinaria y oficinas genera temor a un cierre definitivo y vaciamiento empresarial.
La empresa avícola más grande de Argentina, Granja Tres Arroyos, suspendió de manera indefinida su producción en la planta principal, generando alarma entre sus trabajadores y en el sector avícola nacional.
La compañía argumentó problemas de suministro eléctrico como motivo para paralizar las operaciones "hasta nuevo aviso". Sin embargo, los empleados denuncian que la medida esconde un proceso de vaciamiento: en las últimas semanas se retiraron maquinaria, equipamiento de oficinas y otros activos, lo que alimenta el temor a un cierre definitivo.
Según informaron los trabajadores, la paralización afecta a cientos de familias en la zona de Tres Arroyos y alrededores. La remoción de bienes se intensificó en los últimos días, incluso con presencia de camiones y personal ajeno a la planta habitual, lo que generó asambleas y reclamos inmediatos.
La empresa, que durante décadas fue un ícono de la producción avícola argentina con exportaciones y una cadena que incluye incubación, engorde y procesamiento, no brindó hasta el momento precisiones sobre la duración de la suspensión ni un plan de reactivación.
Los sindicatos y los trabajadores sostienen que los supuestos problemas eléctricos no justifican la magnitud de las medidas tomadas, y que el retiro de activos sugiere una estrategia de desmantelamiento progresivo. En criollo: cuando una empresa empieza a sacar las máquinas antes de explicar cómo va a seguir funcionando, el olor a vaciamiento es fuerte.
Este caso se suma a una serie de tensiones en el sector agroindustrial argentino, donde los costos energéticos, la disponibilidad de insumos y la presión cambiaria complican la ecuación productiva. Sin embargo, en este caso particular, los trabajadores remarcan que la empresa no agotó instancias de diálogo ni presentó un panorama claro de sus dificultades.
Desde el lado empresario aún no hubo comunicados oficiales más allá de la notificación interna sobre la suspensión por inconvenientes eléctricos. La falta de respuestas concretas aumenta la incertidumbre tanto para los empleados como para los productores integrados que dependen de la avícola.
El conflicto ocurre en un contexto económico donde varias industrias alimentarias enfrentan desafíos de competitividad, pero los trabajadores insisten en que la magnitud de los movimientos dentro de la planta va más allá de una pausa operativa.
Hasta el momento no se registraron intervenciones oficiales de los ministerios de Trabajo o Producción de la Nación ni de la provincia de Buenos Aires, aunque se espera que en las próximas horas los gremios eleven reclamos formales.
La realidad es más preocupante de lo que parece a primera vista: una de las principales generadoras de empleo y divisas en el sector avícola del país está paralizada, con señales que apuntan más a un desmantelamiento que a una reparación temporaria. Los trabajadores exigen garantías de continuidad y transparencia sobre el futuro de la planta.