Economía

Menos empleo formal: por qué el avance de la informalidad debería preocupar a los trabajadores

El investigador Luis Campos advierte que el crecimiento del cuentapropismo y el trabajo informal no solo reduce ingresos y derechos, sino que también pone en riesgo el financiamiento de la seguridad social. ¿Qué modelo laboral se está consolidando en Argentina?

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El mercado de trabajo argentino atraviesa una transformación profunda y silenciosa. Según datos recientes, el empleo formal asalariado viene perdiendo terreno frente al cuentapropismo y las formas de ocupación informal. El investigador Luis Campos, especialista en estudios laborales, alerta que este cambio no es neutro: implica menos ingresos, menos derechos y, sobre todo, una presión cada vez mayor sobre el sistema de seguridad social.

En diálogo con Canal Abierto, Campos explicó que la caída del empleo registrado no es un fenómeno coyuntural sino estructural. "No se trata solo de que la gente gane menos o tenga menos protección social. Lo que se está gestando es una reconfiguración del mundo del trabajo que tensiona el financiamiento del sistema previsional y de salud", señaló.

El avance del cuentapropismo es uno de los síntomas más visibles. Muchos de estos trabajadores autónomos carecen de aportes jubilatorios regulares, cobertura por accidentes de trabajo o acceso a licencias pagas. Aunque algunos logran ingresos similares o superiores a un salario formal, la mayoría se ubica en un nivel de vulnerabilidad mayor, sin las garantías que brinda un contrato en relación de dependencia.

Esta tendencia no es nueva, pero se aceleró en los últimos años. La pandemia, la inflación crónica y las sucesivas reformas laborales y previsionales contribuyeron a que las empresas opten por externalizar tareas o contratar bajo modalidades más flexibles y menos costosas. El resultado es un mercado donde crece la precariedad disfrazada de "emprendedurismo".

Campos cuestionó la narrativa oficial que celebra el aumento de monotributistas como signo de mayor libertad laboral. "Detrás de muchos cuentapropistas hay trabajadores que antes tenían un empleo formal y ahora facturan por servicios para la misma empresa que los despedía. Es una forma de abaratar costos para las compañías y de reducir derechos para los trabajadores", afirmó.

El impacto más preocupante, según el investigador, es el que recae sobre la seguridad social. Con menos aportantes formales, el sistema que sostiene jubilaciones, pensiones y prestaciones médicas recibe menos recursos. Esto genera un círculo vicioso: menos recaudación, mayor presión fiscal sobre los que sí aportan y, eventualmente, recortes o reformas que terminan afectando a toda la población.

En el contexto argentino actual, donde la economía informal ya representa cerca del 40% del empleo según diversas estimaciones, el desafío es estructural. ¿Qué tipo de sociedad se construye cuando la mayoría de los trabajadores no cuenta con protección social plena? ¿Cómo se financia un sistema de reparto cuando cada vez hay menos contribuyentes formales?

Los especialistas coinciden en que la respuesta no pasa por demonizar el trabajo autónomo, sino por generar mecanismos que permitan incluir a estos trabajadores en el sistema contributivo de manera realista y progresiva. Medidas como la simplificación del monotributo, incentivos a la formalización y políticas activas de empleo registrado podrían mitigar el impacto.

Sin embargo, mientras el debate político se centre en la flexibilización laboral sin abordar las causas profundas de la informalidad, el riesgo es que el modelo que se consolide sea uno de baja protección y alta vulnerabilidad.

Lo que nadie discute ya es que el cambio está en marcha. La pregunta que queda abierta es si los trabajadores, como colectivo, están dispuestos a aceptar un futuro con menos derechos a cambio de una supuesta mayor "independencia" laboral.

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