Exportaciones de China crecen al 19,4% pero el consumo interno se derrumba: la economía de dos velocidades
Mientras las exportaciones chinas se disparan, las ventas minoristas cayeron por primera vez desde 2022. Un escenario de dos velocidades que preocupa al G7 y pone en el centro la balanza comercial con la UE.
Las cifras que publicó esta semana la Oficina Nacional de Estadísticas de China pintan un cuadro contradictorio. Las exportaciones se dispararon un 19,4% interanual en mayo, la producción industrial creció un 4,5% y, sin embargo, las ventas minoristas —el termómetro del consumo interno— retrocedieron un 0,6%. Es la primera caída desde diciembre de 2022.
Este contraste no es nuevo, pero se está acentuando. China lleva años apostando fuerte a la exportación como motor de crecimiento mientras el mercado interno muestra señales de agotamiento. Los analistas lo llaman “economía de dos velocidades”: una rueda que gira a toda marcha hacia afuera y otra que se frena adentro.
¿Qué explica la caída del consumo?
Varios factores se combinan. La crisis del sector inmobiliario sigue pesando como una losa. Para millones de familias chinas, la vivienda representa la mayor parte de su riqueza; cuando los precios caen y las obras se detienen, la confianza se evapora. A eso se suma un mercado laboral más débil, especialmente entre los jóvenes, con tasas de desempleo que rondan el 15% en algunos tramos etarios.
El gobierno ha intentado reactivar el consumo con subsidios para electrodomésticos y vehículos, pero el impacto parece limitado. Los chinos están ahorrando más y gastando menos. En un país donde el consumo representa apenas el 38% del PBI —muy por debajo del promedio mundial—, esta dinámica es estructural y no solo coyuntural.
El boom exportador y la tensión con Occidente
Del otro lado, las exportaciones siguen siendo el gran sostén. El superávit comercial con Europa y Estados Unidos se amplía mes a mes. Esto explica por qué el tema dominó parte de la última cumbre del G7: la balanza comercial de la Unión Europea con China está en el centro del debate. Varios países europeos, liderados por Alemania y Francia, reclaman medidas más firmes contra el “dumping” en sectores como vehículos eléctricos, acero y paneles solares.
Desde Pekín responden que las exportaciones son resultado de competitividad y no de subsidios desleales. Pero los números son elocuentes: las ventas de autos eléctricos chinos al exterior crecieron más del 70% en lo que va del año.
Lo que viene
El desafío para el gobierno de Xi Jinping es doble. Por un lado, necesita sostener el crecimiento exportador ante posibles nuevas barreras arancelarias. Por el otro, debe encontrar la forma de que el consumo interno recupere tracción sin generar más deuda.
Hasta ahora, las medidas han sido tímidas. Se espera que en las próximas semanas se anuncien nuevos estímulos fiscales, pero los inversores internacionales siguen escépticos. Los mercados reaccionaron con caídas moderadas tras los datos de mayo, reflejando la preocupación de que China no logre equilibrar sus dos motores.
Esta economía de dos velocidades no solo afecta a China. Para América Latina, que exporta commodities a Pekín, un consumo interno chino débil puede traducirse en precios más bajos para el cobre, la soja o el petróleo. Al mismo tiempo, las exportaciones baratas chinas compiten directamente con industrias locales en sectores como textiles, electrónica y autos.
El mundo observa con atención. Porque cuando la segunda economía global avanza a dos ritmos tan distintos, las repercusiones no se quedan dentro de sus fronteras.