Espejo de la Argentina: bancos de Brasil sufren morosidad récord del 5,6%
La mora crediticia en Brasil llegó a su pico histórico en mayo de 2026. Pese a los programas oficiales, los bancos alertan sobre un círculo vicioso de sobreendeudamiento con tarjetas de crédito que se parece demasiado al drama argentino.
La mora crediticia en Brasil alcanzó en mayo de 2026 un récord de 5,6%, el nivel más alto en años. Lo que empezó como un dato técnico se convirtió rápidamente en un tema que preocupa a bancos, reguladores y, sobre todo, a millones de familias que ya no llegan a pagar las cuotas de sus tarjetas.
Los números son claros: pese a los programas de alivio crediticio lanzados por el gobierno de Lula, la deuda de las familias brasileñas no para de crecer. Las tarjetas de crédito, con sus tasas que en muchos casos superan el 300% anual, se transformaron en el principal motor de este sobreendeudamiento. Los banqueros locales hablan abiertamente de un "círculo vicioso" y algunos hasta usan la expresión "muerte súbita" para describir cómo una deuda pequeña puede escalar hasta volverse impagable en pocos meses.
El fenómeno tiene ecos demasiado familiares para cualquier argentino. Acá también la mora en tarjetas y préstamos personales viene marcando récords en los últimos años, impulsada por la inflación, los salarios que no alcanzan y el recurso cada vez más frecuente al "tarjetazo" como forma de supervivencia mensual.
Según datos del Banco Central de Brasil, el porcentaje de deudores morosos en el segmento de personas físicas llegó a 5,6% en mayo, superando el pico anterior de la pandemia. Lo más preocupante es que el aumento se da incluso en un contexto de baja de la tasa Selic y de intentos oficiales por ofrecer refinanciaciones más blandas. Los bancos responden que los clientes ya están en el límite: pagan el mínimo de la tarjeta con otra tarjeta, piden nuevos préstamos para cubrir los viejos y terminan entrando en un loop del que es cada vez más difícil salir.
"Es como si estuviéramos viendo la película argentina pero con otro nombre", resumió un analista de un banco privado brasileño en off the record. En Buenos Aires, el uso de tarjetas de crédito como puente financiero se volvió tan común que muchas familias ya destinan más del 30% de sus ingresos solo a pagar intereses.
En Brasil, el gobierno lanzó el programa Desenrola Brasil precisamente para intentar romper este círculo. Ofrece descuentos de hasta 90% en deudas antiguas y facilidades de pago. Sin embargo, los bancos reportan que muchos deudores que se benefician del plan vuelven a endeudarse en pocos meses. El problema no parece ser solo de liquidez sino de un cambio estructural en el comportamiento de consumo y en la capacidad real de pago de la clase media baja.
La situación se agrava por el crecimiento explosivo del crédito fintech. Apps que ofrecen préstamos en minutos con tasas altísimas terminaron captando a quienes ya estaban rechazados por la banca tradicional. El resultado es un endeudamiento que se esconde debajo de la alfombra hasta que explota en la mora.
Para las startups y pymes argentinas que miran el mercado brasileño como posible destino, este contexto también es una señal de alerta. Un consumidor brasileño cada vez más ahogado en deudas significa menor poder de compra y mayor riesgo de defaults en cadenas de pago. Varias fintech locales que operan en Brasil ya están ajustando sus modelos de scoring y aumentando reservas para cubrir posibles pérdidas por mora.
Lo que está ocurriendo del otro lado de la frontera no es una anécdota. Es un espejo incómodo. Muestra cómo, incluso con un gobierno de izquierda y con políticas expansivas, el endeudamiento de las familias puede convertirse en un problema sistémico cuando los salarios no acompañan y el crédito fácil se transforma en trampa.
Los bancos brasileños ya advierten que, si la mora sigue subiendo, tendrán que endurecer aún más las condiciones de crédito. Eso, claro, terminaría afectando más a quienes menos pueden pagar. El mismo debate que se escucha en despachos de Buenos Aires desde hace rato.
En definitiva, tanto en San Pablo como en Buenos Aires, la "muerte súbita" financiera de las familias ya no es una metáfora. Es una realidad que los números y las historias personales confirman todos los meses.