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El arte de empezar de nuevo: cómo salir del limbo profesional

Muchas carreras llegan a un punto en el que el camino ya no convence pero el próximo paso es una hoja en blanco. Expertos como Herminia Ibarra proponen dejar de buscar la respuesta perfecta y empezar con microexperimentos.

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Boceto humano y formas generativas sobre una mesa de arte
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

Hay un momento particularmente raro en muchas carreras profesionales que no necesariamente ocurre después de un despido, de una crisis espectacular ni de una pelea con el jefe. A veces aparece silenciosamente una mañana cualquiera, mientras se mira la pantalla y se piensa: “Sé que esto ya no lo quiero, pero no tengo la menor idea de qué quiero”. Bienvenidos al limbo profesional.

Es ese territorio extraño en el que el pasado laboral empieza a quedar chico, pero el futuro todavía es una hoja en blanco. Se tiene un cargo, una profesión, una reputación, experiencia y probablemente un buen currículum. El problema es que todo eso explica perfectamente quién fue uno, pero cada vez menos quién quiere ser.

Nos educaron para pensar las carreras como autopistas: se elegía una profesión, se ingresaba a una organización, se ascendían escalones y se llegaba a destino. Hoy las trayectorias se parecen más a caminos con bifurcaciones sin carteles. La primera reacción suele ser buscar la respuesta correcta: tests de personalidad, coaches, libros de autoayuda y una sobredosis de TED Talks.

Todo puede ayudar. Pero existe una trampa: creer que uno tiene que descubrir su próxima vida profesional antes de empezar a vivirla. Herminia Ibarra, profesora de London Business School y autora de Working Identity, lleva años demostrando lo contrario. La reinvención no suele seguir la secuencia “primero descubro quién quiero ser y después actúo”. Muchas veces ocurre exactamente al revés: se actúa, se experimenta y, a partir de esas experiencias, se va descubriendo quién se podría llegar a ser.

Nadie resuelve una crisis de carrera meditando en un sillón. Pensar es necesario; quedarse exclusivamente pensando puede convertirse en una forma bastante sofisticada de no hacer nada. La obsesión por encontrar “la respuesta definitiva” genera parálisis por análisis.

Ibarra utiliza una idea particularmente potente: los “provisional selves”, identidades profesionales provisionales. En una investigación publicada en Administrative Science Quarterly, observó que las personas que asumían nuevos roles ensayaban distintas versiones de sí mismas: observaban modelos, probaban comportamientos y luego evaluaban qué les resultaba auténtico.

Esto explica por qué, frente al limbo profesional, es preferible hablar de microexperimentos antes que de grandes decisiones. Quien cree que podría dedicarse a otra actividad no necesita renunciar de inmediato: puede participar en un proyecto vinculado con ese interés. Si le atrae otra industria, conviene conversar con al menos cinco personas que ya trabajen allí. Si hay algo que despierta curiosidad, aunque todavía no sepa para qué podría servirle, puede hacer un curso corto.

El objetivo del microexperimento no es alcanzar el éxito inmediato, sino generar información. Bill Burnett y Dave Evans, en Designing Your Life, proponen aplicar herramientas del design thinking a las decisiones vitales: construir prototipos en lugar de imaginar durante meses cómo sería determinada vida profesional.

La curiosidad, según investigadores como Mark Savickas y Erik Porfeli, es una competencia profesional clave. Permite explorar futuros antes de comprometerse con ellos. Sin embargo, reinventarse implica aceptar temporalmente volver a ser principiante. Después de años acumulando expertise, no resulta sencillo hacer preguntas elementales o descubrir que alguien más joven sabe más.

William Bridges llamó “zona neutral” a ese espacio de transición en el que lo anterior terminó psicológicamente pero lo nuevo todavía no comenzó. Es incómodo, pero también un período de reorientación que hay que aprovechar.

Una carrera larga probablemente requiera decir varias veces: “Yo fui esto. Ahora estoy viendo qué puedo ser”. No significa tirar por la borda la experiencia acumulada. Esa experiencia es capital: criterio, relaciones, conocimiento y cicatrices de errores ya cometidos. El problema aparece cuando se confunde experiencia con identidad.

Muchas personas no extrañan su trabajo anterior, sino la jerarquía, la certeza de saber qué hacer o la explicación que durante años dieron a los demás —y a sí mismas— sobre quiénes eran.

Por eso el limbo profesional no se resuelve necesariamente encontrando una gran respuesta sino atravesándolo acumulando pequeñas evidencias. Cuando el mapa todavía no existe, el próximo paso puede ser más importante que conocer el destino.

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