Derechos de exportación: ¿realmente funcionó la reducción para el agro?
El gobierno bajó retenciones para impulsar las exportaciones, pero las cantidades enviadas no muestran el salto esperado. Analizamos si la medida cumplió su objetivo en un contexto de precios internacionales favorables.
El anuncio de la reducción de derechos de exportación para el sector agropecuario generó expectativas altas. La idea era clara: bajar la presión fiscal para que los productores vendan más, liquiden divisas y el país respire un poco. Pero, pasados varios meses, los números no terminan de cerrar del todo.
Según datos oficiales, el contexto externo ayudó. Los precios internacionales de granos y oleaginosas se mantuvieron en niveles relativamente buenos, lo que sumado a retenciones más bajas debería haber sido el combo perfecto. Sin embargo, las cantidades exportadas no registraron ese “salto contundente” que se esperaba. Hay más dólares que antes, sí, pero no en la magnitud que prometía la medida.
Desde el campo, varios actores coinciden en que la baja de retenciones fue un alivio, pero insuficiente. Un productor de la zona núcleo lo resumía en una charla informal: “Bajaron cinco puntos, pero seguimos pagando más que en Uruguay o Paraguay. Y encima, con un tipo de cambio que no acompaña del todo, la cuenta no cierra”. Ese detalle que pocos mencionan en los grandes medios es clave: no alcanza solo con tocar las retenciones si el resto de las variables (cambio, inflación de insumos, sequías) siguen complicando.
El gobierno defiende la medida argumentando que, sin la reducción, la liquidación de divisas hubiera sido aún menor. Y hay algo de verdad ahí. Las cerealeras reconocen que hubo un aumento en el ritmo de ventas, sobre todo de soja y maíz. Pero cuando uno mira los volúmenes físicos, el crecimiento es moderado. No es el boom que algunos títulos anunciaron en diciembre.
Lo que nadie cuenta es que parte del aumento de dólares se explica más por los precios internacionales que por la política local. China volvió a comprar con fuerza, la sequía del ciclo anterior quedó atrás y eso empujó los números. La reducción de derechos de exportación funcionó como lubricante, pero no como motor principal.
Desde el lado de los economistas más críticos, hay otra lectura. Dicen que el esquema de retenciones sigue siendo distorsivo y que, en lugar de bajarlas de a poco, habría que repensar todo el sistema. Mientras tanto, el campo sigue en modo “espera y ver”. Nadie invierte fuerte en tecnología o expansión si siente que la regla puede cambiar otra vez dentro de seis meses.
Hay algo de película de Favio en esta historia argentina: siempre parece que estamos a un ajuste de llegar, pero ese ajuste nunca termina de ser suficiente. El productor sigue mirando el clima, la cotización de Chicago y el dólar blue con la misma atención. La reducción de retenciones fue un paso, pero para que realmente funcione hace falta mucho más que un decreto.
En resumen, la medida no fracasó, pero tampoco fue el game changer que se vendió. Sirvió para sumar algunos millones de dólares extras en un año complicado, pero las cantidades exportadas siguen sin mostrar ese crecimiento explosivo que justificara decir “funcionó a pleno”. El debate sigue abierto y el próximo ciclo electoral ya lo tiene como uno de los temas calientes.