Economía

De principal socio a actor marginal: Inglaterra es el país que más perdió peso en el comercio con Argentina

La relación económica entre el Reino Unido y la Argentina pasó de ser central en la era agroexportadora a casi irrelevante hoy. Un análisis de los números, la historia y lo que queda de ese vínculo.

Publicado el 15 de julio de 2026, 03:15 hs

Barco de carga británico y bandera argentina en el puerto de Buenos Aires, imagen histórica y actual superpuesta
Ámbito — Economía

Durante más de un siglo, Gran Bretaña fue el socio comercial indiscutido de la Argentina. Los ferrocarriles, los frigoríficos, el trigo y la carne que salían de nuestros puertos alimentaban literalmente al imperio. Ese lazo se rompió de a poco, pero el derrumbe final tiene fecha más reciente de lo que muchos creen.

Según datos del INDEC procesados por el Observatorio de Comercio Internacional de la UBA, el Reino Unido representaba casi el 30% de las exportaciones argentinas a principios del siglo XX. Hoy esa cifra ronda el 1%. Ningún otro país relevante perdió tanto terreno en tan poco tiempo.

El declive no fue lineal. La primera gran fractura llegó con la nacionalización de los ferrocarriles en los años 40 y 50. Después vino la estatización de los frigoríficos y, sobre todo, el conflicto de Malvinas en 1982 que cortó de cuajo las relaciones diplomáticas y comerciales por años.

"La guerra fue un punto de no retorno", explica el economista Pablo Gerchunoff en una entrevista reciente. "Pero el verdadero declive empezó antes, cuando la Argentina dejó de ser el granero del mundo y el Reino Unido entró en la Unión Europea".

Los números son elocuentes. En 1980, antes del conflicto, el comercio bilateral superaba los 1.200 millones de dólares. En 2023, la cifra apenas llegó a 650 millones, a pesar de que el volumen total del comercio exterior argentino se multiplicó por diez en ese período.

¿Qué queda hoy de esa relación? Muy poco en términos cuantitativos. El Reino Unido compra principalmente productos agroindustriales: harina, aceite de soja, algo de vino y langostinos. A cambio nos vende maquinaria, productos químicos y servicios financieros. Nada que mueva la aguja de la balanza comercial.

Sin embargo, la huella británica sigue presente en sectores puntuales. El grupo de inversión British International Investment mantiene presencia en energías renovables y el fondo de pensiones de los maestros británicos (Universities Superannuation Scheme) es uno de los principales inversores institucionales en el mercado de bonos argentinos.

La cuestión Malvinas sigue siendo el elefante en la habitación. Más allá del aspecto simbólico, las islas representan recursos pesqueros y potenciales hidrocarburíferos que Argentina reclama. El gobierno de Milei, a diferencia de sus antecesores, ha bajado el tono del reclamo, pero la posición oficial sigue siendo la misma: soberanía argentina sobre las islas.

"Es paradójico", dice un diplomático que pidió reserva. "Mientras discutimos por las Malvinas, el comercio con el Reino Unido sigue cayendo. Es como pelearse por un tesoro que ya no está ahí".

En los últimos años aparecieron algunos intentos de reconectar. En 2022 se firmó un acuerdo para facilitar exportaciones de carne kosher y halal a mercados musulmanes a través de certificadoras británicas, pero el impacto fue marginal. La llegada de laboratorios británicos de biotecnología también generó expectativa, aunque la mayoría de las inversiones terminaron redirigidas a Brasil o Chile.

El contraste con otros socios es brutal. Mientras China pasó de ser casi inexistente a representar el 18% de nuestro comercio exterior, y Brasil consolidó su lugar como principal socio regional, el Reino Unido se fue convirtiendo en un actor marginal. Un socio de nicho, casi anecdótico.

Esto no significa que no haya oportunidades. El Reino Unido post-Brexit busca nuevos acuerdos comerciales y la Argentina tiene productos que ellos necesitan: litio, cobre, alimentos. Pero para que eso ocurra hacen falta dos cosas que hoy parecen difíciles: estabilidad macroeconómica y un acuerdo político que supere la cuestión Malvinas.

Mientras tanto, la historia sigue su curso. Los ferrocarriles que alguna vez fueron británicos hoy son chinos o están abandonados. Los campos que proveían carne al imperio ahora exportan soja a China. Y el Reino Unido, que alguna vez fue nuestro principal socio, se convirtió en uno más en la larga lista de países con los que mantenemos una relación comercial tibia.

Quizás la lección más dura de esta historia sea que ningún vínculo económico es eterno. Ni siquiera aquel que parecía escrito en piedra.

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