Economía

Cuba: el sector privado crece en medio de la crisis pero profundiza la desigualdad

Desde que se autorizaron las mipymes en 2021, el sector privado ya controla más de la mitad del comercio minorista. Las reformas prometen más apertura, pero el acceso sigue siendo para pocos y el país cambia de forma irreversible.

Publicado el 8 de julio de 2026, 15:05 hs

Calle de La Habana con nuevos comercios privados y transeúntes, mezcla de modernidad y deterioro
Ámbito — Economía

El dato es elocuente: desde la autorización de las mipymes en 2021, el sector privado cubano pasó a concentrar más de la mitad del comercio minorista del país. Lo que empezó como una válvula de escape en plena crisis económica se convirtió en un motor que, aunque pequeño, mueve más que el Estado en varios rubros cotidianos.

Las nuevas reformas anunciadas por el gobierno prometen acelerar ese proceso. Se habla de menos trabas burocráticas, mayor acceso a insumos y hasta la posibilidad de que las pequeñas y medianas empresas importen directamente. Pero, como suele pasar en Cuba, la brecha entre el anuncio y la realidad es ancha.

¿Quiénes pueden armar una mipyme?

No cualquiera. Aunque el discurso oficial habla de “emprendedores”, la mayoría de los que logran abrir un negocio tienen algún tipo de respaldo: familiares en el exterior que mandan dólares, contactos en el gobierno o experiencia previa en el sector informal que ahora se legaliza. El resto, la inmensa mayoría de la población, sigue dependiendo de un salario estatal que no alcanza ni para el arroz.

En las calles de La Habana, Santiago o Camagüey se nota el cambio. Donde antes había solo una bodega racionada y un kiosco medio vacío, ahora aparecen cafeterías con café de verdad, tiendas de ropa importada, peluquerías con productos que llegan de Panamá o Miami, y hasta delivery de comida que compite con los paladares de siempre.

El sector privado no solo vende más variado: vende mejor. Y eso genera una doble dinámica. Por un lado, mejora la oferta para quien puede pagar. Por el otro, profundiza la brecha entre los que acceden a esos productos y los que siguen haciendo cola para el arroz subsidiado.

Un país que se bifurca

Los economistas independientes cubanos, esos que trabajan desde el exilio o desde la isla con datos que logran filtrar, coinciden en que esta expansión del sector privado es la transformación más importante desde los años 90. No es solo un cambio económico: es un cambio social.

La gente que trabaja en una mipyme suele ganar entre 3 y 10 veces más que un médico o un maestro estatal. Eso altera las jerarquías tradicionales. Un joven ingeniero puede terminar manejando un delivery de comida porque paga mejor. Una contadora termina llevando las cuentas de tres cafeterías en vez de trabajar para el Estado.

Al mismo tiempo, el gobierno mantiene el control sobre los grandes sectores estratégicos y sigue decidiendo quién puede y quién no puede importar. Esa discrecionalidad alimenta la corrupción y la percepción de que “los mismos de siempre” son los que se benefician.

Las reformas que vienen

Las últimas medidas anunciadas buscan ampliar el universo de mipymes y cooperativas. Se habla de autorizar más actividades, reducir impuestos en los primeros años y facilitar el acceso a créditos. Pero el detalle que nadie termina de resolver es el acceso a divisas. Sin dólares o euros, importar insumos sigue siendo casi imposible para la mayoría.

Mientras tanto, la crisis humanitaria no da tregua: apagones de 12 y 14 horas, inflación que pulveriza los salarios y una emigración que se lleva a los jóvenes y a los profesionales. En ese contexto, el sector privado aparece como un alivio relativo para algunos y como una amenaza para el modelo que el gobierno dice defender.

Lo que nadie cuenta en los discursos oficiales

El crecimiento del sector privado no está reemplazando al Estado: lo está parcheando. Muchas mipymes terminan vendiendo productos que el Estado no puede garantizar. Al mismo tiempo, el gobierno cobra impuestos altos y mantiene un control estricto que desincentiva la inversión real.

Cuba está cambiando, eso es claro. Ya no es el país de hace cinco años. Las calles tienen más color, más opciones, más desigualdad visible. El debate ya no es si el sector privado debe existir, sino cómo se regula para que no termine generando una nueva élite mientras la mayoría sigue sobreviviendo.

El futuro dirá si estas reformas son el comienzo de una transición económica real o solo otro ajuste para mantener el statu quo mientras el país se vacía de gente. Por ahora, lo concreto es que en medio de la peor crisis en décadas, los que lograron subirse al tren privado son los únicos que parecen avanzar, aunque sea a paso lento y con muchos obstáculos.

← Volver al blog