Consumo en supermercados mayoristas de CABA toca mínimo histórico
El consumo en supermercados mayoristas porteños registró un nuevo piso histórico, mientras el ticket promedio por compra alcanzó los $22.824 con una mejora real muy lenta.
El consumo en los supermercados mayoristas de la Ciudad de Buenos Aires volvió a marcar un nuevo mínimo histórico, según los últimos datos relevados por las cámaras del sector. Este retroceso se suma a una tendencia que ya lleva varios meses y que refleja la profunda contracción del poder adquisitivo de hogares y pequeños comercios.
A pesar de este dato preocupante, el ticket promedio por operación en supermercados alcanzó los $22.824 a precios corrientes. Aunque en términos reales continúa mostrando una mejora consecutiva, el crecimiento es tan lento que apenas compensa la pérdida de capacidad de compra acumulada en los últimos años.
Desde los mayoristas consultados explican que la caída se explica principalmente por la retracción en las compras de los comercios barriales, que representan gran parte de su clientela. Muchos dueños de almacenes y kioscos redujeron drásticamente la reposición de stock, optando por surtirse solo de lo esencial y en cantidades mínimas para evitar inmovilizar capital.
El dato no sorprende a quienes siguen la evolución del consumo masivo. En los últimos trimestres, tanto las estadísticas oficiales como las mediciones privadas vienen marcando caídas interanuales en volúmenes vendidos. Lo novedoso es que esta vez el piso se rompió incluso en el canal mayorista, tradicionalmente más resistente que el minorista.
"El cliente viene, mira precios, compara y se lleva lo justo", describen desde un mayorista del sur de la ciudad. La escena se repite en los pasillos: carritos más livianos, menos volumen por compra y una búsqueda obsesiva de promociones o segundas marcas.
Este nuevo mínimo histórico llega en un contexto donde la inflación, aunque desacelerada, sigue erosionando los ingresos. Los aumentos salariales y jubilatorios no alcanzan a compensar el acumulado de los últimos dos años, lo que obliga a las familias a seguir ajustando el consumo básico.
El ticket promedio que mejoró levemente en términos reales es, en parte, consecuencia de esta misma lógica: al comprar menos unidades, el peso de los productos más caros (como lácteos, aceites o bebidas) se hace más notorio en el total de la compra.
Desde el sector advierten que, sin una recuperación sostenida del poder de compra, será difícil que este canal revierta la tendencia en el corto plazo. Por ahora, los mayoristas se preparan para un segundo semestre marcado por la cautela y la administración extrema del gasto tanto de hogares como de comercios chicos.