Condenan a 12 años de prisión al exmilitar que robó al Nieto 128 en Tucumán
El Tribunal Oral Federal de Tucumán condenó a Carlos Alberto Vega por la sustracción, retención y ocultamiento de Marcos Eduardo Ramos y su hermano durante la dictadura. Los hechos fueron calificados como crímenes de lesa humanidad y se ordenó monitoreo electrónico, reparación integral y el fortalecimiento de políticas de identidad.
El Tribunal Oral Federal de Tucumán condenó a 12 años de prisión al excapitán de inteligencia del Ejército Carlos Alberto Vega por su participación en el robo de identidad del Nieto 128, Marcos Eduardo Ramos, y de su hermano Elías Ismael Suleimán. Los hechos, ocurridos en diciembre de 1976 durante la última dictadura cívico-militar, fueron considerados crímenes de lesa humanidad.
Pese al pedido de la fiscalía de 17 años de prisión efectiva, los jueces Ana Carina Farías, Cristina Edith Giordano y Federico Bothamley resolvieron que la pena se cumpla con monitoreo mediante dispositivo electrónico. Además, ordenaron una reparación integral para las víctimas, solicitaron al Ministerio de Justicia activar las leyes reparatorias y garantizaron la continuidad de los tratamientos psicológicos de ambos hermanos.
En la sentencia, el tribunal reconoció que “la búsqueda e identificación de las personas apropiadas durante el terrorismo de Estado constituye una obligación permanente del Estado argentino”. Por eso, recomendó al Poder Ejecutivo adoptar todas las medidas necesarias para preservar y fortalecer el Banco Nacional de Datos Genéticos, la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI), los archivos documentales, los equipos de investigación y los registros públicos vinculados a estos casos.
Los fundamentos de la sentencia se darán a conocer el 26 de agosto de 2026.
El caso del Nieto 128
Según la investigación, en diciembre de 1976, Marcos Eduardo Ramos, de apenas cinco meses, y su hermano Elías Ismael Suleimán, de 8 años, fueron secuestrados por personal militar en una vivienda del barrio San Cayetano, en San Miguel de Tucumán. Su madre, Rosario del Carmen Ramos, militante del PRT-ERP, había sido secuestrada días antes y permanece desaparecida. Existe indicios de que fue llevada al centro clandestino de detención que funcionaba en la Compañía de Arsenales “Miguel de Azcuénaga”.
Tras el operativo, los hermanos fueron trasladados a un inmueble de Tafí Viejo, donde fueron separados. Elías sufrió malos tratos, amenazas e intentos de supresión de identidad en una vivienda de la capital tucumana. Logró escapar, caminó más de 20 cuadras hasta la terminal de ómnibus y reencontró a un tío. En 1999 se presentó ante la CONADI y relató lo sucedido.
Marcos, en cambio, fue entregado a Víctor Lucio Sánchez, alias “Pecho i Tabla”, agente civil de inteligencia vinculado al Destacamento de Inteligencia N°142. Según la acusación, Sánchez contó con el “aval ideológico y moral” de Carlos Alberto Vega, quien tenía responsabilidades en tareas de inteligencia y en el funcionamiento del centro clandestino del Arsenal. El niño fue inscripto falsamente como nacido en marzo de 1977 e hijo biológico de Sánchez y su pareja.
Durante el mismo operativo también fueron secuestrados Hugo Demetrio Castro y su hijo Juan Carlos, de 12 años, que cuidaban a los hermanos. Los restos de Hugo Castro fueron identificados años después en el Pozo de Vargas.
La restitución de la identidad
Marcos recuperó su identidad en agosto de 2018 cuando el Banco Nacional de Datos Genéticos confirmó su vínculo materno con Rosario del Carmen Ramos. En junio de 2026, poco antes del juicio, un nuevo estudio de ADN permitió identificar su rama paterna: la muestra de Ilda del Valle Campos, hermana de Pastor Dante Campos, presentó una compatibilidad del 99,99% con el parentesco biológico. De esta forma, Marcos pudo reconstruir plenamente su identidad casi 50 años después del secuestro y reencontrarse con su familia biológica.
El reencuentro entre los dos hermanos, después de más de cuatro décadas, fue destacado por el fiscal Pablo Camuña durante el alegato. “Nadie hubiera pensado que se produciría el reencuentro entre dos hermanos que fueron separados hace más de 40 años”, señaló. La fiscal Valentina García Salemi, por su parte, consideró probable que el bebé hubiera sido utilizado como instrumento de presión y tortura contra su madre en el centro clandestino.
Camuña también remarcó la imagen del niño de 8 años llevando en brazos al bebé de cinco meses “hacia un destino desconocido”, mientras los represores decidían su suerte “como si fueran un botín de guerra”.
Esta es la segunda condena por apropiación de un nieto recuperado en Tucumán. La sentencia refuerza la obligación del Estado argentino de continuar con las políticas de memoria, verdad y justicia, y especialmente con la búsqueda de identidad de las personas apropiadas durante el terrorismo de Estado.