Colombia vira al norte: el giro ultraderechista de De la Espriella y sus implicancias regionales
El nuevo presidente colombiano Abelardo de la Espriella acelera un realineamiento con EE.UU., Israel y Marruecos, rompiendo con la política exterior de Petro. Un movimiento que genera tensiones diplomáticas y se inscribe en la ola conservadora latinoamericana.
La escena resultó cuanto menos grotesca. Mientras Colombia aún contabilizaba las víctimas del terremoto de magnitud 7,4 que sacudió su occidente el 10 de agosto de 2026, el flamante presidente Abelardo de la Espriella aparecía ante las cámaras lanzando besos y saludando exultante, como si estuviera en una fiesta.
Esa extravagancia no fue un hecho aislado. El abogado de paramilitares y personajes controvertidos, admirador confeso de Donald Trump, Javier Milei, Jair Bolsonaro y Nayib Bukele, ya había anunciado que copiaría “aún más radicalmente” el modelo de seguridad del presidente salvadoreño. Pero el verdadero quiebre se produjo en política exterior.
Apenas asumido, De la Espriella decidió reconocer la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán, territorio sirio ocupado desde 1967 cuya anexión es rechazada por la comunidad internacional. Rompió así con la postura del gobierno de Gustavo Petro, que había condenado el accionar israelí en Gaza.
Casi al mismo tiempo, el nuevo gobierno colombiano reconoció la “pretendida soberanía” de Marruecos sobre el Sáhara Occidental y congeló las relaciones diplomáticas con la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). Una decisión que contradice la posición histórica de Colombia y que, según el embajador saharaui en Bogotá, Mohamed Alí Alí Salem, viola el artículo 9 de la Constitución colombiana, que reconoce el derecho de los pueblos a la autodeterminación.
“Da lo que no es suyo a quien no le corresponde”, afirmó el diplomático en diálogo con el medio argentino Sangrre. Recordó además que Naciones Unidas mantiene al Sáhara Occidental en la lista de territorios no autónomos pendientes de descolonización, la misma categoría que tienen las Islas Malvinas.
El Frente Polisario y Marruecos están en guerra desde 2020 en un conflicto que recibe poca atención internacional. El embajador saharaui agradeció especialmente el respaldo que Gustavo Petro brindó a la causa independentista saharaui y destacó el rol de la RASD como “puerta de entrada” del mundo árabe y África hacia América Latina, al ser el único país árabe de habla hispana.
El retorno de la Doctrina Monroe
Este giro no es casual. Desde su llegada al poder, De la Espriella hizo de la recomposición de la relación con Estados Unidos una prioridad absoluta. Colombia se sumó al “Escudo de las Américas”, iniciativa impulsada por Washington que retoma los principios de la Doctrina Monroe y la idea de supremacía estadounidense en el hemisferio.
La ubicación estratégica del país —con salida al Caribe y al Pacífico, frontera con Venezuela y peso histórico en la agenda de seguridad regional— lo convierte en una pieza clave para la administración Trump. El alineamiento con Israel y el respaldo a Marruecos forman parte del mismo paquete: abandonar las posiciones progresistas de Petro y volver a una relación umbilical con Washington.
Este movimiento se inscribe en una tendencia regional más amplia. Javier Milei en Argentina, Nayib Bukele en El Salvador, Daniel Noboa en Ecuador, Santiago Peña en Paraguay y otros líderes conservadores están configurando un bloque de nuevas derechas que comparte agenda de seguridad, anticomunismo y cercanía con Estados Unidos.
La estrategia comunicacional “flood the zone with shit” (inundar la zona de mierda) atribuida a Steve Bannon parece haber dado resultados. La agenda de narcotráfico, migración, crimen organizado y la supuesta amenaza china sirven de pretexto para justificar presiones políticas, económicas y militares sobre los gobiernos latinoamericanos.
A 45 días de las elecciones clave en Brasil, los ataques contra Lula ya se intensifican. La Doctrina Monroe encuentra así una remake adaptada al siglo XXI.
Un cambio simbólico
De la Espriella rompió también con la tradición al asumir la presidencia en Cali y no en Bogotá. La ceremonia, marcada por fuerte presencia militar y un discurso centrado en la confrontación, dejó claro el tono que marcará su gestión.
Lleva apenas quince días en la Casa de Nariño, pero las señales son elocuentes: la brújula colombiana se imantó hacia el norte. Un giro que genera preocupación en sectores progresistas de la región y que obligará a repensar las alianzas y equilibrios diplomáticos en América Latina.
y Sangrre.