El desempleo alcanzó el 7,9% y marcó su pico más alto desde el fin de la pandemia
Según los últimos datos oficiales, más de 320 mil personas perdieron su empleo desde el tercer trimestre de 2025. La tasa de actividad llegó a su techo histórico impulsada por la necesidad de ingresos.
El desempleo en Argentina trepó al 7,9% en el segundo trimestre de 2026, su nivel más alto desde que terminó la pandemia de COVID-19. Así lo revelan los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) publicados el pasado jueves 17 de septiembre.
Desde el tercer trimestre de 2025, más de 320.000 personas cayeron en situación de desempleo. Este aumento se explica, en gran medida, por la contracción de la actividad económica y la pérdida de puestos de trabajo formales e informales en varios sectores.
La tasa de actividad, que mide el porcentaje de personas que trabajan o buscan empleo, tocó su techo histórico. Esto ocurre porque muchos argentinos, ante los bajos ingresos y la pérdida de poder adquisitivo, salieron a buscar trabajo de manera más intensa, aunque no siempre lo encuentran.
En criollo: no es que de repente haya más gente con ganas de laburar, sino que la plata no alcanza y cada vez más familias necesitan que entre otro sueldo. Esa presión empuja la tasa de actividad hacia arriba, pero también hace que el desempleo se vea peor porque hay más gente compitiendo por los mismos puestos.
El dato del 7,9% supera claramente los registros de los últimos años post-pandemia, cuando la economía había mostrado una recuperación parcial. Ahora, el contexto de inflación sostenida, ajuste fiscal y menor consumo se traduce en menos contrataciones y más suspensiones.
Sectores como la construcción, la industria manufacturera y el comercio fueron los más golpeados. En cambio, algunos servicios ligados a exportaciones o tecnología mostraron mayor resistencia, aunque no alcanzan a compensar la caída general.
Este panorama complica aún más la situación de los hogares. Con salarios que pierden contra la inflación y una red de contención social cada vez más exigida, el riesgo de que el desempleo se cronifique es real.
Desde el punto de vista económico, un desempleo en ascenso suele anticipar menor consumo, menor recaudación impositiva y mayor presión sobre las cuentas públicas. Es un círculo que las autoridades intentan romper con medidas de estímulo, aunque hasta ahora los resultados no se ven en los números duros.
El desafío para los próximos meses será ver si la baja de la inflación y alguna reactivación sectorial logran revertir esta tendencia. Por ahora, el 7,9% marca un punto de inflexión negativo que merece atención urgente.
La realidad es más aburrida que las promesas de campaña: sin generación genuina de empleo privado, cualquier rebote va a ser frágil. Y mientras tanto, miles de familias argentinas ya están sintiendo en la mesa y en la billetera lo que estos números fríos representan.