Brasil lleva a la OMC los aranceles de Trump y abre una nueva pulseada comercial
El gobierno de Lula presentó un pedido formal de consultas ante la Organización Mundial del Comercio contra las medidas arancelarias impuestas por Estados Unidos. Aunque busca negociar, la movida tiene un fuerte trasfondo electoral en ambos países.
Brasil dio el primer paso formal en la Organización Mundial del Comercio (OMC) para cuestionar los aranceles impuestos por la administración de Donald Trump. El lunes, Brasilia presentó un pedido de consultas con Washington, el mecanismo inicial del sistema de solución de controversias del organismo.
Según el gobierno brasileño, las medidas son injustificadas y violan las reglas multilaterales de comercio. Aunque el tono oficial es de apertura al diálogo —“mantenemos la voluntad de negociar para revertirlas”, dijeron fuentes de Itamaraty—, el movimiento marca un endurecimiento de la postura frente a las barreras que afectan principalmente a acero, aluminio, soja y otros productos clave de la exportación brasileña.
El contexto electoral es imposible de separar. En Brasil, Lula da Silva enfrenta un año complicado con miradas puestas en las municipales de 2028 y una economía que todavía no termina de despegar. Del otro lado, Trump usa los aranceles como herramienta de presión política y como promesa de campaña cumplida para su base. Cualquier concesión puede leerse como debilidad.
Desde Buenos Aires, el tema no es un detalle lejano. Argentina comparte con Brasil varios de los productos afectados (acero, maíz, carne) y también viene sufriendo el impacto de las políticas proteccionistas de Trump 2.0. Fuentes del sector agroindustrial local indicaron que un endurecimiento de la disputa podría terminar afectando los flujos regionales y los precios internos en pesos.
La presentación ante la OMC no implica una guerra comercial inmediata. El mecanismo de consultas suele durar 60 días y busca una solución negociada. Si no hay acuerdo, Brasil podría avanzar a un panel que, en la práctica, demora años. Es más una jugada de posicionamiento y presión pública que una bala de plata legal.
Expertos consultados coinciden en que el verdadero terreno de resolución será bilateral. Washington ya mostró en el primer mandato de Trump que prefiere los acuerdos uno a uno antes que las reglas multilaterales. Brasil, que es uno de los mayores socios comerciales de Estados Unidos en América Latina, tiene cartas para negociar, pero también mucho para perder si la relación se enfría.
El movimiento de Brasilia llega además en un momento en que la OMC atraviesa una crisis profunda: su órgano de apelaciones lleva años paralizado por el bloqueo estadounidense a nuevos jueces. Que un país del tamaño de Brasil eleve el caso sirve para recordarle al mundo que el sistema multilateral todavía existe, aunque esté herido.
Por ahora, el gobierno brasileño evita hablar de retaliación. Prefiere mostrarse como el adulto en la habitación: denuncia la medida, pero tiende la mano. Si las conversaciones no avanzan antes de fin de año, esa postura puede cambiar rápido, sobre todo si los efectos en empleo y exportaciones se vuelven más visibles en el interior del país.
Lo que viene es una pulseada lenta, técnica y altamente política. Para Argentina, observar cómo se resuelve puede dar pistas sobre cómo posicionarse frente a un Estados Unidos que volvió a apostar fuerte por el unilateralismo comercial.