Boom exportador de carne a EEUU: salto del 369% mientras el consumo interno toca mínimos de 20 años
En mayo Argentina exportó a Estados Unidos el mismo volumen de carne que en los primeros ocho meses del año pasado, alcanzando u$s86 millones. Al mismo tiempo, el consumo interno cayó 6,1% y se ubicó en el nivel más bajo en dos décadas.
El dato es elocuente y genera debate en los distintos sectores de la cadena cárnica. En mayo de este año, las exportaciones de carne bovina argentina hacia Estados Unidos alcanzaron un volumen que iguala lo enviado en los primeros ocho meses de 2024, con un salto interanual del 369% y facturación de 86 millones de dólares.
Según datos del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) y del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), el país colocó en el mercado norteamericano alrededor de 14.500 toneladas de carne enfriada y congelada durante el quinto mes del año. Este boom responde, en parte, a la apertura de cuotas arancelarias que favorecen el ingreso de cortes de alto valor y a la recuperación de la producción local tras la sequía de años anteriores.
Desde el gobierno y los exportadores celebran el ingreso de divisas en un contexto donde el complejo cárnico representa uno de los principales motores de las exportaciones agroindustriales. Sin embargo, la otra cara de la moneda preocupa a los analistas y a los consumidores locales.
El consumo interno de carne vacuna cayó un 6,1% en los primeros cinco meses del año y se ubicó en torno a los 48 kilos per cápita anualizados, el registro más bajo de los últimos veinte años. Factores como la alta inflación acumulada, la pérdida de poder adquisitivo y los precios internos que, aunque más contenidos que en 2023, siguen elevados respecto a los salarios, explican gran parte de esta contracción.
"Lo que estamos viendo es un reacomodamiento clásico de la oferta: cuando el mercado externo paga mejor, la carne se va para afuera", explica un consultor del sector que prefiere no ser nombrado. "El problema es que el precio que paga el consumidor local termina siendo referencia de ese valor internacional".
En los últimos meses, los cortes de consumo popular como la carne picada, el asado y el vacío mostraron subas por encima de la inflación general. Esto generó que muchas familias opten por reemplazar la carne vacuna por pollo, cerdo o cortes más económicos importados de Brasil y Paraguay.
Desde la industria frigorífica sostienen que el aumento de las exportaciones no implica necesariamente una reducción del abastecimiento interno, ya que la producción total de carne creció alrededor del 5% en el último año. Argumentan que el verdadero problema es la demanda deprimida por la situación económica.
Sin embargo, para los matarifes y los pequeños productores, la ecuación es más complicada. Muchos señalan que los incentivos a la exportación terminan presionando los precios en el mercado local, especialmente en un contexto donde el consumo per cápita viene en caída libre desde hace más de una década.
El récord con Estados Unidos no es un hecho aislado. Las exportaciones totales de carne argentina crecieron 9% en volumen durante el primer cuatrimestre, con China como principal destino (aunque con precios más bajos) y una diversificación hacia mercados de mayor valor como Europa y Medio Oriente.
Lo que genera ruido es la velocidad del aumento hacia EEUU. En solo un mes se igualó lo exportado en casi todo el año anterior. Esto habla de una estrategia agresiva de las plantas habilitadas para ese mercado, muchas de ellas con certificaciones exigentes que les permiten acceder a los cortes premium.
Mientras tanto, en los supermercados y carnicerías de barrio el panorama es otro. "Antes vendía 40 kilos por día, ahora estoy en 25", cuenta un carnicero de Floresta que atiende desde hace 30 años. "La gente compra porciones más chicas o directamente cambia a pollo".
El desafío para las próximas meses será ver si este boom exportador se sostiene y si, al mismo tiempo, alguna medida logra reactivar el consumo interno. Porque una cosa queda clara: la carne sigue siendo un símbolo cultural en Argentina, pero cada vez más parece un lujo para muchos bolsillos.