Blues, memoria y lucha: el documental que revive a Tony Coleman y sus promesas pendientes
La Promesa, de José Celestino Campusano, sigue al histórico baterista de B.B. King en su regreso a Buenos Aires. Una obra híbrida entre documental y ficción que denuncia el extractivismo cultural y llama a la unidad popular.
el pasado sábado 22 de agosto a la medianoche, el Cineclub Nocturna del MALBA será escenario de la avant premiere de La Promesa, el nuevo documental de José Celestino Campusano. Protagonizado por Tony Coleman, baterista de B.B. King durante más de 20 años y uno de los últimos sobrevivientes de una generación legendaria del blues, la película se presenta como un “aporte intermedio a la cultura”, según palabras del propio director.
Campusano define la obra como un híbrido deliberado: ni del todo ficción ni del todo documental. Muestra sin pudor el detrás de cámara, los diálogos con el equipo técnico, los ensayos y los recitales tal como ocurren en la realidad. “La partida de Tony es la partida real, los recitales son los recitales reales”, explicó a Canal Abierto.
La película sigue a Coleman en su regreso a Buenos Aires, ciudad que conoce bien y donde mantiene un vínculo profundo forjado en los años 90 con figuras como Pappo. El baterista, que recorrió 98 países junto a B.B. King, se muestra orgulloso de su “argentinidad”, visible incluso en la camiseta de Boca que suele usar. Campusano destaca cómo Coleman contrapone el trato recibido en Argentina con las declaraciones de Samuel L. Jackson sobre un supuesto racismo local, a las que califica de parte de una campaña de desprestigio.
Pero La Promesa no se limita a la nostalgia. Con crudeza, Coleman denuncia el extractivismo musical y cultural que permitió a la industria blanca apropiarse del blues y otras expresiones afroamericanas sin retribuir a sus creadores originales. El documental pone ejemplos concretos: músicos de Earth, Wind and Fire que hoy carecen de cobertura social y terminan en la calle. “Siempre dicen que los blancos lo único que han hecho es apropiarse de esa cultura y lucrarla, mientras ellos terminan como músicos pobres”, resume Campusano.
La relación de Coleman con los latinos es distinta. Para él, “los latinos somos afros”. No hay distancia. Esa idea se entrelaza con una subtrama ficcionalizada: una disputa entre el propio Campusano y el bajista Víctor Sanders que sirve como vehículo para llegar al mensaje central: “El enemigo está en otro lado”.
El director traza paralelos entre la situación de las comunidades afro en Estados Unidos y la coyuntura argentina actual. Habla de “épocas de severo fascismo”, de ataques culturales impulsados por “gente inculta” y de cúpulas políticas que representan “intereses mezquinos de un pequeño grupo de gente maldita”. Frente a eso, reivindica la empatía encontrada en viajes por el sudeste asiático y Europa, y la necesidad de “cerrar filas” entre los pares.
Campusano tampoco elude el conflicto institucional. Se refiere a su reciente debate público con Carlos Pirovano, presidente del INCAA, y critica que alguien que admite no saber de cine ocupe un cargo con “sueldos millonarios” al frente de un sector que genera tanto en el imaginario colectivo. “Pérdida de tiempo es no hacer nada”, afirma. “Hay que poner la cara, desenmascarar y generar el espacio donde hablemos de lo que nos importa”.
Tras la función del sábado en el MALBA, con presencia de Tony Coleman, Campusano y la banda Aerophonicos, La Promesa recorrerá festivales. Su estreno comercial está previsto para el primer semestre de 2027. Mientras tanto, el documental se erige como un acto de memoria, denuncia y llamado a la unidad, donde el blues funciona como banda sonora de una lucha que sigue vigente.