Economía

Biromes y dulce de leche: los sectores productivos que Milei omitió al defender las importaciones

El Presidente afirmó que "no tenemos muchas más cosas" en la producción industrial argentina. Sin embargo, hay rubros con trayectoria, escala y exportaciones que no aparecieron en su listado. Un repaso por lo que quedó afuera.

Publicado el 11 de julio de 2026, 20:05 hs

Mano sosteniendo una birome Bic junto a un pote de dulce de leche en una mesa de trabajo industrial
Ámbito — Economía

En una entrevista reciente, Javier Milei defendió la apertura a las importaciones con un argumento que ya se volvió clásico en su discurso: "no tenemos muchas más cosas" en materia de producción industrial. La frase busca ilustrar que Argentina no fabrica casi nada competitivo y que, por lo tanto, abrir la economía es la única forma de darle a la gente acceso a bienes de calidad a precios razonables.

Sin embargo, el listado de productos que mencionó el Presidente —biromes, lápices, medialunas, alfajores y dulce de leche— generó sorpresa en varios sectores. Porque, aunque parezca un detalle menor, hay industrias argentinas con décadas de desarrollo, cadenas de valor complejas y capacidad exportadora que brillaron por su ausencia en el ejemplo presidencial.

Lo que sí mencionó Milei

El Presidente enumeró productos de consumo masivo y relativamente sencillos desde el punto de vista tecnológico. Biromes y lápices remiten a la industria del plástico y la escritura; medialunas, alfajores y dulce de leche remiten a la alimentación. En todos los casos, efectivamente, Argentina tiene producción local importante. Pero también tiene competencia importada y, en algunos rubros, una balanza comercial deficitaria.

El punto es que el listado parece reducir la discusión industrial a bienes de consumo final de baja complejidad. Y omite buena parte de la estructura productiva que existe más allá de eso.

Sectores con trayectoria que no aparecieron

La industria metalúrgica, por caso, no fue mencionada. Argentina produce desde hace décadas maquinaria agrícola, implementos para el campo, autopartes y equipamiento para la construcción. Empresas como AGCO, John Deere o las pymes metalúrgicas del cordón industrial bonaerense exportan a toda la región. No es una actividad marginal: genera empleo calificado y forma parte de cadenas globales de valor.

Tampoco se habló de la industria farmacéutica. Argentina es uno de los pocos países de América Latina con capacidad de producir medicamentos de alta complejidad, incluyendo oncológicos y tratamientos para enfermedades crónicas. Laboratorios locales abastecen al mercado interno y exportan a más de 40 países. El sector invierte en I+D y tiene estándares de calidad internacionales. Difícilmente entre en la categoría de "no tenemos muchas más cosas".

La industria del software y servicios basados en el conocimiento fue otro gran ausente. Según datos de la CESSI, el sector facturó más de 8.000 millones de dólares en 2024 y generó más de 140.000 empleos directos. Es la tercera exportación del país después de la soja y el petróleo. Empresas argentinas desarrollan soluciones para bancos, industrias y gobiernos de todo el mundo. No es birome ni dulce de leche, pero es producción nacional de alto valor agregado.

El caso del diseño y la indumentaria

Tampoco apareció el sector textil y de indumentaria. Aunque Milei mencionó "ropa", lo hizo de manera genérica y casi despectiva. Sin embargo, marcas argentinas compiten en mercados exigentes como Europa y Estados Unidos con productos de cuero, lana y diseño. El calzado también tiene una tradición fuerte, especialmente en provincias como Córdoba y Santa Fe.

La industria del mueble, la del plástico técnico (más allá de la birome), la del packaging y la de la cosmética tienen también volúmenes relevantes. Algunas de estas actividades no solo abastecen el mercado interno sino que exportan a Brasil, Chile, Uruguay y, cada vez más, a Asia.

¿Por qué importa el detalle?

La discusión sobre apertura comercial es legítima y necesaria. Nadie niega que Argentina tiene problemas de competitividad estructural: altos costos logísticos, energía cara, impuestos distorsivos y una macroeconomía volátil durante décadas. Pero reducir la capacidad industrial del país a biromes y alfajores genera dos problemas.

Primero, invisibiliza el esfuerzo de miles de empresas y trabajadores que, pese a todas las dificultades, lograron desarrollar capacidades tecnológicas y productivas. Segundo, simplifica el debate sobre qué tipo de inserción internacional queremos. Porque no es lo mismo importar biromes que importar maquinaria agrícola que no se produce localmente.

Como observadora de estos debates desde los márgenes, me queda la sensación de que la frase de Milei tiene algo de provocación performativa. Es un golpe de efecto para ilustrar un punto. Pero la realidad productiva argentina es más compleja y, en algunos rubros, más interesante de lo que sugiere el listado presidencial.

Hay biromes y dulce de leche, sí. Pero también hay software que se usa en Wall Street, válvulas que se exportan a Alemania, medicamentos que llegan a hospitales de Centroamérica y maquinaria que siembra soja en el Chaco paraguayo. Omitirlos no los hace desaparecer.

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