Economía

Alquileres en CABA: el deterioro del poder adquisitivo agrava la pobreza entre inquilinos

El peso del gasto en vivienda condiciona las finanzas de los hogares porteños a pesar de la mayor estabilidad del mercado de alquileres. Solo uno de cada cinco inquilinos reúne las condiciones para acceder a un crédito hipotecario.

Publicado el 21 de julio de 2026, 22:35 hs

Persona revisando facturas de alquiler en una mesa de un departamento pequeño en Buenos Aires
Ámbito — Economía

El peso del gasto en vivienda sigue siendo uno de los principales lastres para los hogares porteños. Aunque el mercado de alquileres mostró mayor estabilidad en los últimos meses, el deterioro del poder adquisitivo agrava la situación de pobreza entre los inquilinos de la Ciudad de Buenos Aires.

Según datos recientes, el alquiler representa una porción cada vez más grande del ingreso familiar. En muchos casos supera el 40% de lo que entra por mes, un umbral que las recomendaciones internacionales consideran insostenible. Esta presión financiera no solo limita el acceso a otros bienes básicos, sino que también profundiza las brechas sociales en una ciudad donde la vivienda siempre fue un tema sensible.

Lo que complica aún más el panorama es que solo uno de cada cinco inquilinos reúne hoy las condiciones para acceder a un crédito hipotecario. La mayoría queda afuera por ingresos insuficientes, historial crediticio o la imposibilidad de reunir el ahorro previo que exigen las entidades. Esto genera un círculo vicioso: se paga alquiler alto, se ahorra poco o nada, y el sueño de dejar de ser inquilino se aleja cada vez más.

En barrios como Palermo, Almagro o Caballito, donde la oferta de departamentos en alquiler es abundante, los precios se acomodaron después de la desregulación, pero siguen siendo elevados para la mayoría de los salarios. Muchos inquilinos jóvenes o familias de clase media baja terminan recortando en comida, transporte o salud para poder pagar el alquiler a tiempo.

Especialistas advierten que esta dinámica no es solo un problema individual, sino que tiene impacto colectivo. Cuando una porción grande de la población destina la mayor parte de sus ingresos a la vivienda, se reduce el consumo en otros sectores de la economía y se frena la posibilidad de inversión en mejoras habitacionales o en proyectos personales.

El contexto de inflación contenida de los últimos meses no alcanzó para aliviar la presión. Los ajustes salariales vienen por detrás de la suba acumulada de los alquileres en los últimos años, y las actualizaciones de los contratos (aunque más predecibles) siguen generando incertidumbre a la hora de renovar.

Desde organizaciones de inquilinos y centros de estudios urbanos plantean que se necesitan políticas más activas: desde incentivos para la construcción de vivienda destinada al alquiler a precios accesibles hasta mecanismos que permitan a los inquilinos acumular puntaje o ahorro forzoso para acceder a créditos.

Mientras tanto, en los monoambientes de Palermo, en los departamentos compartidos de Villa Crespo o en las casas chorizo de San Telmo, miles de porteños siguen haciendo malabares cada 1° de mes. El alquiler no es solo un gasto: se convirtió en el principal condicionante de su economía doméstica y, en muchos casos, en una trampa que agrava la pobreza.

"La gente cree que con la estabilidad económica el problema se solucionó", dice una inquilina de 32 años que comparte departamento en Almagro. "Pero cuando el alquiler te come el 45% del sueldo, la estabilidad es solo para los que ya tienen la casa propia".

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