Thielogía: la cosmovisión de Peter Thiel que mezcla conspiraciones, ficción y supremacismo
La abogada Micaela Mantegna analiza el universo ideológico del fundador de Palantir, un tecnomagnate cuya visión no solo invierte en startups sino que disputa territorios, redefine reglas y desafía la democracia.
Peter Thiel no es solo el multimillonario detrás de PayPal y Palantir. Su influencia va mucho más allá de los negocios: construye una cosmovisión que combina elementos de ciencia ficción, teorías conspirativas y un supremacismo tecnológico que cuestiona los fundamentos democráticos.
La abogada especializada en ética de la inteligencia artificial Micaela Mantegna lo llama “Thielogía”. En su análisis, desarma cómo este magnate argentino-estadounidense no se limita a invertir en empresas: sus proyectos buscan redefinir territorios físicos y digitales, alterar reglas sociales y, en última instancia, jaquear las instituciones democráticas tal como las conocemos.
En el centro de esta ideología está una fascinación por las narrativas de ficción. Thiel es un devoto de obras como “El señor de los anillos” de Tolkien, que interpreta de manera literal: ve el mundo como una batalla entre fuerzas heroicas y decadentes. De allí surge su interés por la inmortalidad, la colonización de nuevos espacios (incluida la idea de ciudades flotantes en el mar) y una élite que debe guiar el destino humano.
Esta visión se cruza con conspiraciones que circulan en foros de internet profundo. Thiel ha expresado simpatía por ideas que cuestionan la narrativa oficial de la historia reciente, y su empresa Palantir –nombrada precisamente por el artefacto de visión omnisciente de Tolkien– se dedica a procesar datos masivos para gobiernos y corporaciones, muchas veces en contextos opacos de vigilancia.
Mantegna destaca que la Thielogía no es solo excéntrica: tiene consecuencias concretas. A través de inversiones en startups y think tanks, Thiel impulsa una agenda que privilegia la tecnología por encima de la regulación democrática. Su apoyo a figuras políticas disruptivas y su crítica al “wokeism” y a la burocracia estatal forman parte de un proyecto más amplio de reordenamiento del poder.
En Argentina, donde Thiel nació, estas ideas resuenan en ciertos círculos de la nueva derecha tecnológica y entre emprendedores que ven en la disrupción total una salida a la crisis crónica. Sin embargo, la advertencia de Mantegna es clara: detrás del glamour de la innovación se esconde un supremacismo que pone a una élite tecnológica por encima de las mayorías y de las instituciones.
La Palantir de Thiel ya opera en varios países con contratos de seguridad y análisis de datos. Su capacidad para “ver” patrones invisibles para los humanos comunes refuerza la idea de una casta que posee conocimiento superior. Es, según la especialista, una teología secular donde la IA y los algoritmos reemplazan a los dioses.
Lejos de ser un mero excéntrico de Silicon Valley, Thiel representa un momento en el que los dueños de la tecnología ya no se conforman con ganar dinero: quieren reescribir las reglas del juego social, político y hasta biológico. Entender su cosmovisión no es un ejercicio académico; es una forma de anticipar hacia dónde se dirige el poder en la era de la inteligencia artificial.
La Thielogía, en definitiva, es una invitación a reflexionar sobre los límites éticos de la tecnología cuando se pone al servicio de una visión que mezcla ficción épica con ambiciones reales de dominio.