Cultura

Niñas sirvientas: la herida que persiste en miles de mujeres argentinas

Miriam Morales investigó la práctica de entregar niñas de 4 a 8 años a familias para que trabajen como domésticas a cambio de techo y comida. Su libro revela las marcas profundas que deja esta forma naturalizada de servidumbre infantil.

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Niñas sirvientas: la herida que persiste en miles de mujeres argentinas
Canal Abierto (cooperativa)

La frase resuena durante toda la vida: “¿Por qué mi mamá me entregó a los patrones?”. Es una de las marcas que quedan en las mujeres que de niñas fueron enviadas a trabajar en casas ajenas, una práctica extendida y naturalizada en muchas regiones del país, especialmente en el norte argentino.

Miriam Morales, psicóloga social y docente, recogió esos relatos en talleres de alfabetización en comedores comunitarios. Lo que empezó como una tesis en la Universidad Nacional de Tucumán terminó convertido en el libro Niñas sirvientas, una práctica habitual en la provincia de Jujuy, vida cotidiana y subjetividad, publicado por la Universidad Nacional de Jujuy, donde reside desde hace más de 30 años.

Según cuenta en diálogo con Canal Abierto, no se trata de casos aislados. Son miles las mujeres que vivieron esa experiencia. Niñas de 4, 5 u 8 años que sus familias entregaban a otros hogares a cambio de techo, comida, ropa y, en el mejor de los casos, la posibilidad de ir a la escuela. Una estrategia de supervivencia que tiene raíces coloniales y que se sostiene incluso dentro del sistema capitalista.

“Es una práctica que sigue existiendo, sobre todo en el interior del interior, y también en las ciudades, pero de manera disimulada”, explica Morales. Las niñas ocupaban un rol de servidumbre: se levantaban primeras, se acostaban últimas, cuidaban niños, limpiaban y realizaban tareas domésticas sin recibir salario, solo pago en especies.

Desde la psicología social, Morales analiza las “heridas muy profundas” que esta situación deja en la construcción de la subjetividad. Se trata de una identidad impuesta: salir del núcleo familiar primario para pasar a vivir al servicio de otros, muchas veces segregadas dentro de la casa, tratadas como parte del servicio y no como miembros de la familia. Algunas eran bien tratadas; otras, expuestas a violencia y maltrato en una situación de extrema vulnerabilidad.

La investigadora destaca que esta dinámica está atravesada por múltiples desigualdades: de clase, género, etnia y edad. El racismo también juega un rol central. “Es una relación desigual, de servidumbre, de poder”, señala.

El libro ha generado que mucha gente se acerque a Morales después de su publicación: “Es la historia de su mamá, la historia de su abuela o su propia historia”. Esa masividad habla de una realidad silenciada pero extendida.

En un contexto donde el Gobierno nacional ha hecho declaraciones que relativizan o directamente reivindican el trabajo infantil, estas historias cobran aún más relevancia. Morales advierte que el país mantiene rasgos feudales que conviven con el capitalismo y que se expresan en formas de trabajo y en la vida cotidiana.

El libro se presentó el viernes 21 de agosto de 2026 en el Sindicato de Prensa Bonaerense en La Plata. Se puede conseguir en la Librería Raíces y en la Escuela de Psicología Social de Buenos Aires, o descargarlo en forma digital desde el sitio de la Universidad Nacional de Jujuy.

Más allá de la denuncia, el trabajo de Morales busca entender cómo estas experiencias impactan en la vida adulta de estas mujeres, qué lugar tiene el feminismo para pensar estas violencias y de qué manera es posible elaborar y sanar esas heridas que, aunque ocultas, siguen marcando subjetividades enteras.

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