Etiopía: las muñecas que cuentan la dictadura con ternura y rebeldía
La obra dirigida por Rocío Carballo usa muñecas como protagonistas para narrar el terror de la última dictadura desde la mirada de la infancia. Una propuesta que combina humor, angustia y memoria en un momento clave: 50 años del golpe de 1976.
La propuesta de Etiopía sorprende desde el vamos: dos muñecas, Brumaria y Germinal, esperan en un cuarto la vuelta de su dueña, la niña Herminia, y de sus padres desaparecidos durante la dictadura. Lo que empieza como un juego infantil se transforma, escena a escena, en un relato potente sobre la memoria, la espera y la resistencia.
Rocío Carballo, su directora, eligió deliberadamente alejarse de la solemnidad habitual en las obras sobre el terrorismo de Estado. “Hay varias obras que hablan de la dictadura, pero me parece que Mariana Mazover, al elegir que los personajes sean muñecas, también nos muestra la ternura en medio de la oscuridad”, explica. Esa decisión permite hablar de las infancias robadas, de los miedos que no se entendían del todo, de los amigos con los que de pronto no se podía jugar y de los bebés apropiados, temas que suelen quedar en segundo plano.
Catalina Andrés y Camila Armenia Fuster interpretan a las muñecas con una progresión notable: al principio sus movimientos son rígidos y tímidos, pero a medida que avanza la función cobran vida propia. Idean un plan de rescate, asumen identidades falsas y hasta se levantan en armas. Las actuaciones, combinadas con la escenografía y el vestuario de Abril Baroli, logran que el público pase de la risa a la angustia sin que ninguna emoción se sienta forzada.
Este 2026 se cumplen 50 años del golpe cívico-militar de 1976. Mientras las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo envejecen, Carballo cree que es urgente que las nuevas generaciones sigan sosteniendo la búsqueda de verdad y justicia. “La herida sigue abierta y todavía faltan la verdad y la justicia; por eso apelamos a la memoria desde una mirada tierna”, dice la directora.
Las muñecas de Etiopía encarnan esa espera constante, esa búsqueda de respuestas que nunca llegan del todo. Desde una estética poética, la obra reconstruye el dolor sin caer en el didactismo. Muestra cómo los más chicos vivieron el horror sin entenderlo completamente, pero sintiéndolo en cada gesto prohibido y cada ausencia.
La puesta, que transita por la ternura, el humor negro, la rebeldía y la emoción cruda, se presenta como una forma distinta de honrar la memoria. No romantiza el pasado, pero tampoco lo mira solo desde el espanto: encuentra en las muñecas la inocencia que también fue víctima.
Etiopía se puede ver todos los domingos de septiembre a las 16 hs en el Teatro Bar Jufré (Jufré 444, CABA). Las entradas están disponibles a través de Alternativa Teatral.