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El gobierno quema los libros para reactivar una economía que no levanta cabeza

El Ejecutivo interviene en el mercado de crédito en pesos y dólares para oxigenar una actividad asfixiada. El temor de fondo es que si la reactivación no llega, Milei no consiga la reelección en 2027.

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Transporte público y tarjeta de viaje representados de forma genérica

El gobierno nacional decidió quemar los libros, en sentido figurado pero con consecuencias muy concretas, para intentar reactivar una economía que sigue sin levantar cabeza a fines de agosto de 2026.

La medida busca sacudir el mercado de crédito tanto en pesos como en dólares, inyectando liquidez en un sistema que se encuentra prácticamente paralizado. fuentes oficiales admiten en privado que la prioridad es evitar un nuevo colapso de la actividad antes de que termine el año.

La intervención apunta a darle aire a sectores productivos que vienen asfixiados por tasas altas, falta de demanda y un consumo que no repunta. El temor de fondo, según las mismas s, es que si esta jugada no funciona, las chances de reelección de Javier Milei en 2027 se reducirían drásticamente.

La decisión llega en un momento en que los principales indicadores muestran señales mixtas: la inflación parece controlada pero la recesión se mantiene profunda, con caída en la industria, el comercio y la construcción. Los analistas coinciden en que sin crédito no hay inversión, y sin inversión la economía no despega.

Desde el equipo económico aseguran que se trata de una medida transitoria pero necesaria. "Es quemar los libros para escribir un nuevo capítulo", graficó un funcionario que pidió reserva. El objetivo es que los bancos vuelvan a prestar, que las empresas puedan financiar su capital de trabajo y que el consumo interno empiece a dar señales de vida.

Sin embargo, no faltan las voces críticas. Economistas opositores advierten que esta clase de intervenciones pueden generar distorsiones en el mediano plazo y que, si no vienen acompañadas de reformas estructurales, solo postergan el problema.

Lo cierto es que el reloj corre. Con 2027 cada vez más cerca, el gobierno juega una de sus últimas cartas para mostrar que el ajuste dio frutos y que la tan prometida reactivación está a la vuelta de la esquina. Si la economía no responde, el costo político podría ser alto.

El mercado, por ahora, observa con cautela. Los bonos y el dólar muestran movimientos leves, pero nadie se anima a hablar de un cambio de tendencia definitivo. Todo dependerá de si esta intervención logra realmente destrabar el crédito o si, como ocurrió en otras oportunidades, solo genera un alivio momentáneo.

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