Cultura

El glamour de la sordidez: Luisana Lopilato es Pepita la Pistolera en la nueva película de Lucía Puenzo

La directora Lucía Puenzo vuelve a explorar los márgenes con una historia que evita el biopic clásico y los juicios fáciles. Luisana Lopilato encarna a la mítica figura del hampa marplatense de los 80 y 90.

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El glamour de la sordidez: Luisana Lopilato es Pepita la Pistolera en la nueva película de Lucía Puenzo
Canal Abierto (cooperativa)

El glamour de la sordidez es el título que ya genera expectativa en el cine argentino. Dirigida por Lucía Puenzo, la película tiene a Luisana Lopilato en el rol protagónico interpretando a “Pepita la Pistolera”, una figura legendaria del bajo fondo marplatense durante las décadas del 80 y el 90.

La historia no sigue el camino clásico del biopic. Puenzo evita la reconstrucción lineal de una vida y también se aleja de cualquier tentación de dar lecciones morales. En cambio, parece interesada en capturar una atmósfera, un tono, una forma de habitar los márgenes donde el exceso y la marginalidad se mezclan de manera casi cinematográfica.

Pepita la Pistolera fue, en su momento, una celebridad del hampa. Su nombre circulaba en los bares de Mar del Plata, en las crónicas policiales y en los relatos orales que pasaban de boca en boca. No era solo una delincuente: tenía estilo, presencia y un aura que la convertía en personaje antes de que alguien pensara en llevarla al cine.

Lopilato, que viene de roles muy diferentes en su carrera, se mete en la piel de esta mujer con un desafío actoral que promete ser de los más interesantes del año. Quienes vieron material de rodaje cuentan que la transformación es total: desde la forma de caminar hasta la manera de mirar, la actriz construye una Pepita que no busca ser querida ni rechazada, simplemente existe con toda su complejidad.

Lucía Puenzo ya tiene experiencia en narrar desde los bordes. Sus películas anteriores exploraron identidades, cuerpos y violencias que la sociedad prefiere no mirar de frente. En esta nueva apuesta parece continuar esa línea, pero con un giro hacia el mundo del crimen organizado costero, donde el glamour y la sordidez conviven en el mismo plano.

La película no busca explicar ni justificar. Ese parece ser uno de sus mayores aciertos: dejar que el espectador complete los vacíos, que decida qué siente frente a una mujer que fue, al mismo tiempo, mito y carne de cañón del sistema penal argentino de aquellos años.

El rodaje se hizo mayormente en locaciones de Mar del Plata y Buenos Aires, con una fotografía que, según las primeras descripciones, juega constantemente con luces de neón, interiores cargados y exteriores que muestran la otra cara de la ciudad balnearia. No es la Mar del Plata de los turistas; es la que queda después de que se van los veraneantes.

Lo interesante de este proyecto es que llega en un momento en que el cine argentino vuelve a interesarse por historias reales pero contadas desde una libertad narrativa que no se siente atada a los hechos. No es un documental dramatizado ni una adaptación estricta. Es, más bien, una película que usa un personaje real como punto de partida para hablar de algo más grande: cómo construimos mitos alrededor de quienes viven fuera de la ley.

Con este film, Lucía Puenzo y Luisana Lopilato proponen algo distinto en la cartelera local. Una historia que no pide aplausos fáciles ni condena moral. Solo observa, con una mezcla de fascinación y distancia, el glamour que a veces se esconde en la sordidez más absoluta.

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