Economía

El consumo de carne cayó 12% desde enero y los argentinos comen casi 5 kilos menos que el año pasado

Según datos de CICCRA, en los primeros siete meses de 2026 el consumo aparente de carne vacuna bajó a 1,202 millones de toneladas, una caída de 163,4 mil toneladas respecto a 2025. El bolsillo sigue apretando y la carne se aleja de la mesa cotidiana.

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Asado (a barbecue), Argentine style.

El consumo de carne vacuna en la Argentina registró una nueva caída en 2026. De acuerdo con el último informe de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados (CICCRA), en los primeros siete meses del año el consumo aparente alcanzó 1,202 millones de toneladas, lo que representa una baja del 12% respecto al mismo período de 2025.

Eso equivale a casi 5 kilos menos por habitante en lo que va del año. El dato no sorprende en un contexto de inflación acumulada, salarios que no terminan de recuperarse y una canasta básica que obliga a repensar las prioridades a la hora de cocinar.

El reporte de CICCRA, publicado hace pocos días, muestra que la tendencia a la baja se mantiene firme desde enero. Aunque la carne sigue siendo un símbolo cultural, cada vez más familias la reemplazan por pollo, cerdo o directamente por opciones vegetales más baratas. En muchos barrios de Buenos Aires, el asado de los domingos se convirtió en un lujo que se reserva para ocasiones especiales.

Según Tiempo Argentino, la caída interanual es clara y se explica principalmente por el menor poder adquisitivo. El precio del kilo de carne al público subió por encima de la inflación general en varios cortes, lo que terminó expulsando a buena parte de los consumidores de ingresos medios y bajos.

Este fenómeno no es nuevo, pero en 2026 parece haberse consolidado. Durante la pandemia ya se había visto un recorte similar, aunque luego hubo una recuperación parcial. Esta vez la caída se siente más estructural: no es solo un ajuste temporario, sino un cambio en los hábitos de compra que podría extenderse en el tiempo.

Desde el sector ganadero y las cámaras frigoríficas admiten en off que el mercado interno está muy deprimido. La exportación, en cambio, sigue siendo el principal motor de la industria. China y Europa siguen demandando cortes premium, mientras que el asado y la milanesa quedan cada vez más relegados en la heladera argentina.

El dato de casi 5 kilos menos por persona al año no es solo una cifra estadística. Habla de un país que, lentamente, está reconfigurando su relación con lo que durante décadas fue casi un derecho: comer carne todos los días. Y aunque todavía estamos lejos de los niveles de consumo de países con dietas más vegetarianas, la tendencia es inequívoca.

Queda por ver si en los próximos meses, con una posible estabilización económica, se revierte parte de esta caída o si el hábito de reemplazar la carne ya quedó instalado. Por ahora, los números de CICCRA confirman lo que muchas familias porteñas ya saben: este año el asado sale menos seguido.

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