Cultura

El cierre del Coro Nacional de Niños: lo que nadie cuenta de una decisión que desarma la cultura

Familias de los integrantes relatan el vaciamiento paulatino, el impacto emocional en los chicos y el bajo costo que el Estado decidió eliminar. Un coro de 60 años de historia que suplía a la Orquesta Sinfónica Nacional queda en silencio.

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El cierre del Coro Nacional de Niños: lo que nadie cuenta de una decisión que desarma la cultura
Canal Abierto (cooperativa)

El 30 de julio de 2026 la Secretaría de Cultura de la Nación publicó un decreto que dispuso el cese de actividades del Coro Nacional de Niños. Con 60 años de trayectoria, el elenco pasó de 40 voces a apenas 20 en sus últimos tiempos y ahora desaparece de los elencos estables del país.

Daniela Lozano es mamá de dos de las chicas que integraban el coro: una de 12 años y otra de 18. Ambas entraron en 2022, la última camada que se renovó. Desde entonces, según cuenta, el proceso fue de vaciamiento sistemático: no se cubrieron vacantes, se redujo el número de integrantes y la carga sobre los chicos que quedaron se volvió insostenible.

“La responsabilidad que tendría que estar repartida entre 40 personas la terminan desarrollando 20. Así empezaron a vapulear al coro”, explica Lozano en diálogo con Canal Abierto.

El primer golpe concreto llegó en febrero, cuando el Estado dejó de pagar los subsidios de 200.000 pesos para viáticos y uniformes, además del sueldo de la directora. En abril les pidieron que dejaran de ensayar y de dar conciertos. Los chicos volvieron a sus casas pensando que era algo temporario. No lo era.

Según las familias, las autoridades argumentaron que la ley impedía que el Estado contratara a menores, pero Lozano señala que esa norma tiene una excepción clara para formaciones artísticas como esta. “Miraron una parte de la ley y no la que corresponde”, dice.

El coro funcionaba en un edificio en Austria y Las Heras, cerca de la Biblioteca Nacional. Antes había ensayado en el Teatro Cervantes. Cada cambio de sede parecía parte de un plan para sacarlo de los lugares centrales de la ciudad.

El impacto va más allá del propio coro. El elenco suplía necesidades de la Orquesta Sinfónica Nacional y del Coro Polifónico. Sin voces infantiles, muchas obras deberán restringirse. “Va a haber silencio en las obras”, advierte Lozano. Lo que parece un recorte puntual termina desarticulando un ecosistema entero de elencos estables.

No era una actividad extracurricular cualquiera. Los chicos ensayaban tres veces por semana, dos horas y media cada vez. Organizaban sus vidas alrededor del coro: cambiaban turnos en el colegio, viajaban a distintos puntos de la ciudad para cantar en la Ballena Azul, museos, la Legislatura o la Casa Rosada. Generaciones anteriores habían girado al exterior; esta última no llegó ni al interior del país.

El costo era mínimo: 0,001% del presupuesto de Cultura. Equivale al sueldo y medio de un senador, según calcula Lozano. Solo cubría viáticos, vestuario, el sueldo de la directora y una pianista. Ni desde lo económico ni desde lo cultural parece justificarse.

La forma en que se manejó la situación generó aún más bronca. La directora se enteró por el decreto, igual que las familias. Los mails quedaban sin respuesta. En diciembre de 2024 habían participado de una gran presentación de todos los elencos estables en la puerta del Centro Cultural Kirchner, donde los mostraron con orgullo. Meses después, los eliminaron.

“Hubo un nivel de cinismo total”, dice Lozano.

El impacto en los niños fue inmediato y profundo. La hija menor de Daniela empezó a tener ataques de ira y hoy está en tratamiento psicológico. “Es muy fuerte lo que hicieron con los chicos”, cuenta. Para ella, que es mamá soltera, el coro no era solo formación musical de excelencia: era un espacio afectivo y social que la acompañó en la crianza. “Yo no crié sola a mis hijas porque estabas vos”, le escribió a la directora cuando disolvieron el elenco.

Las familias se organizaron y crearon la cuenta de Instagram @integrantes.conani_ para visibilizar el reclamo. Convocan a que los inviten a cantar y contar la historia. El caso llegó a la Cámara de Diputados por impulso de legisladoras como Pokoik y Myriam Bregman, pero las familias insisten en que no se trata de una cuestión partidaria: “Los nenes lloran realmente. Esto no es política: es amor”.

El Coro Nacional de Niños cantó alguna vez en el Vaticano frente a Juan Pablo II. Tuvo 60 años de historia y un nivel que lo ponía a la altura de los mejores elencos sinfónicos del país. Hoy espera que alguien revierta el decreto. Mientras tanto, las familias siguen movilizadas para que el Estado entienda que no se trata solo de un coro: se trata de lo que la cultura argentina decide ser.

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