Notas

Después de 18 años, detienen a 17 policías por la desaparición de Mario Golemba en Misiones

La Justicia Federal de Posadas ordenó la detención de 17 efectivos y exefectivos de la Policía de Misiones por la desaparición forzada de Mario Fabián Golemba en 2008. El caso, que involucra torturas y un pacto de silencio institucional, avanza tras años de encubrimiento.

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Par de esposas metálicas abiertas sobre una mesa de metal

Dieciocho años después de la desaparición de Mario Fabián Golemba, la Justicia Federal de Posadas dio un paso histórico: el lunes 10 de agosto de 2026 se ordenó la detención de 17 policías y expolicías de Misiones, imputados por desaparición forzada de persona, torturas y encubrimiento.

A pedido de la fiscal Silvina Gutiérrez, de la Fiscalía Federal Nº 2, y por orden de la jueza María Verónica Skanata, los efectivos –algunos en actividad y otros retirados– quedaron bajo arresto domiciliario. Ahora están siendo citados a indagatoria. Para la fiscalía no hay dudas: Mario fue detenido ilegalmente en la comisaría de Dos de Mayo, golpeado, torturado y luego hecho desaparecer. El cuerpo nunca apareció.

Mario Golemba tenía 27 años, era yerbatero, cooperativista, participaba en la iglesia y estaba por casarse. El 27 de marzo de 2008 salió de su casa en el paraje Picada Indumar, municipio de Dos de Mayo, rumbo a una consulta médica en Oberá. Nunca llegó. Esa misma noche su familia denunció la ausencia.

Al principio, la Policía de Misiones investigó bajo la carátula de “ausencia de persona”. Dos testigos afirmaron haberlo visto detenido en la comisaría de Dos de Mayo. Esos testimonios fueron ignorados por la Justicia provincial durante más de una década. Recién en 2021 la causa pasó a la Justicia Federal, se encuadró como desaparición forzada y la investigación tomó otro rumbo.

En 2023 se realizaron peritajes exhaustivos en la comisaría y otros puntos: nueve días de excavaciones, toma de testimonios y revisión de documentación. Esa evidencia derivó en las detenciones de la semana pasada. Según el Ministerio Público Fiscal, los imputados usaron la estructura de la comisaría para concretar una detención ilegal, aplicar violencia física y luego desaparecer a la víctima.

Los principales imputados incluyen al comisario retirado Ewaldo Katz, señalado como el más comprometido. Testigos lo ubican golpeando a Mario y luego cargando su cuerpo en una camioneta, ausentándose por más de una hora. También fueron detenidos oficiales de guardia, jefes de turno, guardias, choferes, radiooperadores y otros efectivos con distintos grados de participación.

La acusación describe un “pacto de silencio institucional” que operó desde el primer día: omisiones en los registros, versiones uniformes, contradicciones deliberadas e hipótesis alternativas que desviaron la investigación. El periodista Sergio Álvez, autor del libro Presente. Mario Golemba desaparecido en democracia, sostiene que ese pacto fue más amplio e interinstitucional, involucrando también a autoridades políticas de la época, como el entonces gobernador Maurice Closs y el ministro Jorge Franco.

La familia de Mario –su madre Irma Komka y su hermano Eliezer, quien tomó la posta tras la muerte del padre– siempre mantuvo viva la exigencia de justicia. Acompañados por los abogados Rafael Pereyra Pigerl y María Vanela Vignoles, impulsaron la querella que finalmente logró que la causa saliera de la Justicia provincial, donde permaneció estancada más de ocho años bajo la jueza Alba Kunzman de Gauchat.

La sociedad misionera acompañó el caso con movilizaciones durante 18 años. El perfil de Mario –un joven “común y corriente”, trabajador rural, sin antecedentes– generó empatía y permitió que la causa no cayera en el olvido.

Hoy la expectativa está puesta en las indagatorias. La fiscalía confía en que alguno de los imputados rompa el silencio y revele tanto el motivo del ensañamiento –se sospecha que Mario fue testigo involuntario de algo– como el destino final del cuerpo.

El caso deja una marca dolorosa: un desaparecido en democracia, con complicidad estatal y un encubrimiento que duró casi dos décadas. Pero también deja una lección: la persistencia de la familia y el acompañamiento social lograron que la Justicia Federal avanzara donde la provincial no quiso o no pudo.

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