Cultura

Siete estaciones para hablar de amor: Chéjov y las desigualdades de clase en Buenos Aires de 1900

La obra de Victoria Hladilo adapta el cuento 'Del amor' del autor ruso y lo cruza con la historia de inmigrantes en el campo argentino. Una amistad que se vuelve peligrosa entre terratenientes y un peón rural, en el Teatro del Pueblo.

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Siete estaciones para hablar de amor: Chéjov y las desigualdades de clase en Buenos Aires de 1900
Canal Abierto (cooperativa)

En el corazón del Teatro del Pueblo, sobre Lavalle al 3600, se despliega una historia que mezcla el realismo de Antón Chéjov con la dureza de la Argentina de principios del siglo XX. Siete estaciones para hablar de amor, escrita y dirigida por Victoria Hladilo, toma como punto de partida el cuento Del amor y lo transforma en una pieza que desnuda las diferencias de clase, el deseo imposible y la crudeza de los vínculos que el tiempo y la sociedad condenan.

Carlos Belloso, Laura Nevole y Manuel Vignau son los encargados de dar vida a esta trama. La pareja de terratenientes, cómoda en su casona porteña, invita a su mesa a un trabajador del campo. Lo que empieza como un gesto de generosidad se convierte en dependencia: las canciones y el humor de Pablo (Vignau) rompen la monotonía de Gregorio y Anna. Entre el trigo y el cemento, entre favores y halagos, surge una amistad que deriva en algo más profundo y, por eso mismo, peligroso.

La obra transcurre durante siete estaciones del año, un recurso que Hladilo usó para marcar el paso del tiempo y la temperatura emocional de los personajes. El clima no es solo escenográfico: funciona como espejo de lo que ocurre adentro. "Me gustaba esa idea del clima y de jugar con la temperatura del aire y del sentir de los personajes", explica la directora en entrevista con Canal Abierto.

Hladilo cuenta que la pandemia la llevó a releer a Chéjov. Encontró en sus relatos de amores erráticos, a destiempo o no correspondidos, algo que la interpelaba profundamente. Su mirada levemente pesimista resonó con ella. Pero no se quedó solo en la adaptación literaria: cruzó la historia con relatos de su propia familia de inmigrantes que llegaron al Chaco y luego a la ciudad. Así, el espacio quedó encerrado en la casona de los terratenientes y el tiempo se organizó en estaciones.

La investigación histórica fue clave. Al revisar diarios de la época, Hladilo se sorprendió con noticias que parecían sacadas de la actualidad: desigualdad entre clases, manejo arbitrario de la justicia, brechas que no se cierran. "Los relatos que se nombran en el material son todos basados en casos reales de noticias de aquella época. Y su resonancia con el presente es asombrosa", afirma.

Aunque el amor es el eje central, la obra no abandona la mirada social que ha caracterizado la trayectoria de Hladilo. En piezas anteriores como La sala roja, La casa de las palomas o La culpa de nada ya había explorado temas de clase, educación, feminismo y poder. Siete estaciones retoma esos intereses pero con el lenguaje y el encanto de otro tiempo, donde las réplicas y retrucadas suenan casi como un juego de época.

La puesta ganó el Premio Argentores 2023 en el Concurso Nacional para Egresados de Carreras de Dramaturgia de Escuelas Públicas. El elenco de lujo, el diseño de escenografía de Celeste Etcheverry, la iluminación de Ricardo Sica, el vestuario de Gabriella Gerdelics y la música original de Tony Abadi completan un equipo que busca ir más allá de la anécdota romántica para hablar de lo imposible: un amor que cruza fronteras de clase en una sociedad que las vigila con rigor.

En un país que sigue debatiendo desigualdades que parecen calcadas de hace más de un siglo, Siete estaciones para hablar de amor invita a mirar el pasado sin nostalgia y a reconocer, con la ironía y la crudeza chejoviana, que algunos problemas no cambian de estación tan fácilmente.

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