Economía

Los vínculos ocultos entre el endeudamiento y el derrumbe del consumo masivo

Mientras las familias argentinas recurren cada vez más al crédito para comprar comida, las ventas de alimentos se desploman. Dos curvas que se cruzan en silencio y explican el malestar cotidiano en 2026.

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La CAME desmiente al Gobierno: las familias se endeudan para comprar comida y remedios

En los primeros ocho meses de 2026, dos tendencias se cruzan de manera preocupante en la economía argentina. Por un lado, el endeudamiento de los hogares se dispara; por el otro, las ventas de alimentos y productos de primera necesidad se derrumban. Lo que a simple vista parecen movimientos opuestos es, en realidad, dos caras de la misma moneda.

Según datos de consultoras privadas y relevamientos de supermercados, el consumo masivo cayó alrededor del 18% interanual en el primer semestre. Al mismo tiempo, el uso de tarjetas de crédito y préstamos personales para cubrir gastos corrientes como la compra de comida aumentó más del 40% en el mismo período. Las familias están financiando lo que antes pagaban al contado, y lo hacen para mantener un nivel mínimo de consumo.

Este fenómeno no es nuevo en la historia económica argentina, pero en la actual gestión de La Libertad Avanza adquiere características particulares. Las encuestas de consumo revelan que una de cada tres familias consultadas admitió haber usado crédito para comprar alimentos en los últimos tres meses. El dato es elocuente: ya no se endeuda solo para comprar electrodomésticos o pagar vacaciones, sino para llenar la heladera.

El mecanismo es perverso. Al recurrir al crédito revolvente o a las cuotas sin interés de las tarjetas, las familias postergan el problema pero lo agrandan. Los intereses se acumulan, el poder adquisitivo se erosiona aún más y, en el mediano plazo, el consumo se contrae todavía más fuerte. Es un círculo vicioso que los números macro no siempre reflejan con claridad.

Desde el sector supermercadista admiten en off the record que el ticket promedio bajó significativamente. “La gente compra lo justo y necesario, y muchas veces lo hace con tarjeta porque no le alcanza el efectivo o la transferencia”, explican. Las promociones bancarias se volvieron la única herramienta para que las ventas no caigan aún más.

Este endeudamiento silencioso tiene un impacto directo en la vida cotidiana porteña y del interior. En barrios de clase media de Buenos Aires, es cada vez más común ver familias que estiran el presupuesto con avances de sueldo, préstamos de fintech o cuotas de supermercados. El resultado es un consumo que se sostiene artificialmente, pero que deja una huella en los balances familiares que tardará meses o años en revertirse.

Los especialistas consultados coinciden en que esta dinámica es insostenible. Cuando las deudas comiencen a pesar más que el alivio inmediato, el consumo puede sufrir una nueva contracción abrupta. Mientras tanto, los datos oficiales y privados siguen mostrando la misma foto: menos ventas en góndola y más saldos rojos en las tarjetas.

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