La espiral de las familias endeudadas: salarios pisados, inflación y créditos usureros para comer
Con el SMVM en $376.600 y paritarias intervenidas, cada vez más hogares recurren a préstamos con tasas altísimas solo para cubrir la comida. Milei dice que "se arreglen entre privados", pero la realidad muestra una trampa de deuda que crece sin control.
El salario mínimo vital y móvil quedó fijado en $376.600 este agosto, una cifra que, en la práctica, ya quedó desactualizada ante una inflación que acumuló 19% en los últimos siete meses y que sigue corriendo por encima del 2% mensual.
Para miles de familias porteñas y del conurbano, esto ya no es una discusión abstracta de números. Es decidir entre pagar la luz o comprar carne, entre llegar a fin de mes o tomar un crédito para llenar la heladera. Y cada vez más eligen el segundo camino, aunque sepan que es un manotazo de ahogado.
Según datos del último informe de la consultora Equilibra, el uso de tarjetas de crédito y préstamos personales para cubrir gastos básicos de alimentación creció un 42% en el último año entre los hogares de ingresos medios y bajos. No se trata de financiar una heladera nueva o un viaje. Se trata de comprar pan, leche y fideos.
El presidente Javier Milei, consultado sobre esta tendencia, respondió con su estilo habitual: "Que se arreglen entre privados". La frase suena coherente con su discurso de no intervención estatal, pero ignora un detalle clave: el Gobierno interviene activamente para pisar las paritarias y mantener los salarios por debajo de la inflación. En el mismo terreno donde predica libertad, ejerce control.
Un trabajador registrado que cobra el salario mínimo hoy necesita, según estimaciones de la Defensoría de la Tercera Edad, casi $650.000 para cubrir la canasta básica de una familia tipo. La brecha es del 72%. Ante esa diferencia, las fintech y tarjetas de crédito ofrecen "soluciones" con tasas efectivas que superan el 150% anual. En criollo: prestan caro para que después sea imposible pagar.
"Empecé pidiendo $50.000 para la compra del mes. Ahora debo $380.000 y solo pago los intereses", cuenta Laura, empleada administrativa de 34 años que vive en Villa Crespo. Su caso no es aislado. En los últimos meses, los barrios populares de Buenos Aires vieron crecer los puestos de "préstamos express" y las aplicaciones que prometen dinero en minutos sin pedir demasiados requisitos.
Los créditos usureros, tanto formales como informales, se convierten en la única válvula de escape cuando el sueldo se evapora antes del 15. Las casas de empeño también reportan un aumento en la cantidad de electrodomésticos y joyas que entran por la puerta.
Economistas heterodoxos advierten que esta dinámica genera una espiral peligrosa: salarios deprimidos → mayor necesidad de endeudamiento → pago de intereses que reduce aún más el poder adquisitivo → más deuda. Un círculo vicioso que no se resuelve solo con "dejar que el mercado actúe".
Desde el Gobierno insisten en que la inflación está controlada y que la salida pasa por el crecimiento. Pero mientras ese crecimiento no llega al bolsillo de la mayoría, las familias siguen eligiendo entre comer hoy o pagar la deuda mañana. Y cada vez más eligen comer hoy, aunque eso signifique hipotecar el futuro.